miércoles 8 de julio de 2009

El tiempo pasa...


El tiempo... ¡Ay amigo! ¡Cómo pasa el tiempo! Uno casi siempre se lamenta de eso, pero no tenemos en cuenta que lo que vale en realidad, es haber disfrutado plenamente de los pequeños momentos de la vida. Pues la vida se compone de momentos ¿No?
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Los años vividos no han dando la experiencia..., la experiencia que imponen los años. Lindo sería ser joven con experiencia. Sería bueno eso, pero no se da así. Uno ya, antes de dar un paso, sabe si algo saldrá mal o no, cosa que no les pasa a los jóvenes.
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Y si pensamos bien, uno debería nacer ya con ese sentido de la vida que le permita no equivocarse tan fácilmente. Muchas cosas andarían mejor..., el amor, los negocios, la educación de los hijos, etc.
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Y como muchas veces dice aquel viejo nostálgico y romántico, que suele navegar, le agrada pescar y pasar tiempo en el campo, junto a su querido caballo y además..., mirar a esas mujeres bonitas que Dios nos ha dado..., ¿Pues tu sabrás que la mujer es lo más hermoso que Dios a hecho en este mundo, no? Pues así es... y él suele decir...
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El tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos; ah! pero el amor lo reflejo como ayer, en cada conversación, en cada beso, en cada abrazo, y se impone siempre un pedazo de razón.
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Pasan los años y cómo cambia lo que yo siento, lo que ayer creía que era amor se va volviendo otro sentimiento. ¡Se vuelve amor!. Porque años atrás, tomar una mano, robar un beso, sin forzar un momento, formaban parte de una verdad.
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Ahora, vamos viviendo, viendo las horas que van muriendo, las mismas discusiones se van perdiendo entre las razones.
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Ellas a todo dicen que sí, yo a nada digo que no, para poder construir la tremenda armonía que pone en resonancia a los corazones.
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Porque el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos; ah! pero el amor lo reflejo como ayer, en cada conversación, en cada beso, en cada abrazo, y se impone siempre un pedazo de razón.
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El tiempo pasa y la vida se nos va. El tiempo pasa y nos da experiencia ¿No es así? Pero hay algo que no nos da, y es el poder dominar nuestros sentimientos y como yo no pertenezco a una sociedad machista, a veces..., lloro.
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Recuerdo... Que me acerqué con la curiosidad de los inocentes, tratando de disimular mi curiosidad. Como los distraídos que miran al azar y que, como por descuido, buscan encontrar un rostro entre la gente. Los recuerdos surgieron sin poder contenerlos. Las imágenes, difusas por el paso del tiempo, volvieron a mi mente como si hubieran ocurrido ayer. Quería equivocarme, pero al mismo tiempo deseaba que fuera realidad. Sentí un ardor intenso en el pecho mientras me daba cuenta que la volvía a ver..., después de tanto tiempo. La volvía a ver y mi sangre comenzó a bullir ardorosamente. Mi fuego nunca se extingue.
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Mi mirada se proyectó directamente hacia su mente, tratando de conmover sus pensamientos. Estaba sentada, esbelta, hermosa, a la mesa de la cafetería. Vestía elegantemente, como siempre, cuidando hasta los mínimos detalles. Con su singular delicadeza se dirigió al mozo para pedir un café.
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Mientras simulaba acomodar sus gafas, miró de reojo, como si hubiera sentido la intensidad ardorosa de mi mirada. Un gesto de asombro y de incredulidad se dibujó en su perfecto rostro. Sin darme cuenta, dirigí mi pasos hacia ella. Una suave sonrisa se dibujó en su rostro. Me ubiqué en la silla, sin preguntar, como los que no necesitan excusas para hacerlo. Nos miramos tratando de contener el tiempo y de decirnos tantas cosas en un instante.
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Tenía algo distinto. Me pareció que sus ojos no brillaban con la misma intensidad de antes. Intentó disimularlo, pero la descubrí por mi experiencia de viejo. Muchas veces imaginé este momento y las palabras que le diría..., sin embargo, no puedo componer las frases tantas veces ensayadas.
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- ¿Cómo estás? preguntaste, mientras me contemplabas. Suspiré profundamente tratando de armar una respuesta lógica, pero sincera, y sólo atine a decir:
- ¿Cuándo volviste...?
- Hace unos días, pero... estoy de paso- me dijo.
- Te ves muy bien..., quizás un poco triste.
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Se acomodó el cuello de la campera y con un tono de resignación musitó:
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- Es la vida..., que no perdona los errores - contestó.
- Muchas veces intenté saber de ti..
- ¿Por qué no viniste a mi encuentro? – dijo ella.
- No sabía si debía...
- Te necesité..., te extrañé – dijo mirándome fijamente a los ojos..
- Me pediste que no te siguiera. Muchas noches mis lágrimas humedecieron tu nombre. Me dejaste hecho trizas...
- Nunca dejé de amarte – Y volvió a mirarme.
- Nunca pude olvidarte.
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Nuestras manos no pudieron evitar encontrarse y con los dedos entrelazados, permanecimos intercambiando la sensaciones de tanto tiempo perdido.
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- ¿Por qué te fuiste así? – me dijo.
- Te amé con tantas fuerzas que tuve miedo..., miedo de asfixiarte, de anularte.
- Me privaste del derecho de elegir. Lo hubiéramos intentado - contestó. Quise encontrarte en otras miradas, en otras caricias, en otros besos. Un día supe..., que nunca sería igual.
- Y ahora, ¿aprendiste a querer sin comparar? – le respondí.
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Hurgó en su cartera y sacó un pañuelo, mientras su rostro se compungía. Una nube de dolor cubrió su mirada y con el tono muy bajo, dijo:
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- No puedo quererlo como él se lo merece. Me cuida, me protege y me da toda lo mejor de su sentimientos..., pero no sé cómo corresponderlo.
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Las lágrimas brotaron de sus lánguidos y tristes ojos, pero muy hermosos.
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- Me enteré por accidente que sus negocios no andan muy bien. Y no me lo dijo.
- Cada día se esfuerza por..., ser mejor. No sé qué hacer, estoy muy confundida.
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La tomé de las manos y como aquel que sólo puede comprender, le dije:
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- Haz el esfuerzo de amarlo, tratando de que, por lo menos, ambos sean felices.
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Miró disimuladamente su reloj, y lentamente se incorporó..
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- Debo partir...
- Donde estés, te recordare.
- Voy a necesitarte...
- Invoca mi nombre y estaré contigo.
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La vi partir, otra vez, pero sentí que ya no la volvería a encontrar. Los sonidos de la ciudad me envolvieron hasta que desapareció entre la gente.
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- ¡Abuelito, abuelito...! Ya volví..., me interrumpió una vocecita de ocho años, que corría agitado hacia mí.

- ¿Estás llorando?, me preguntó sorprendido. Cuando murió la mamá de mi amiguito me dijiste que algunas personas no pueden llorar.
- Me equivoqué, querido mío... ¡me equivoqué!
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Amigo..., el tiempo pasa.


© 2009, Armando Maronese
L. 12 de marzo de 2007
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martes 7 de julio de 2009

Lágrimas de amor



Nunca hagas florecer una sonrisa diciendo "Te Amo", para después hacer rodar una lágrima diciendo: "Olvídame".

Simplemente porque eso no se hace y además, porque el amor es más bonito que una ilusión y por tu mejilla podría rodar una lágrima idéntica a la de alguien que ya lloró por ti.

Recuerda que la verdadera lágrima no es la que cae de los ojos y resbala por la cara, sino la que duele en el corazón y resbala por el alma; y esas lágrimas no necesitarán ser recordadas porque de ellas uno nunca se olvidará.

Recordar es fácil para quién tiene memoria. Olvidar es difícil para quién tiene corazón. Quien sabe amar, jamás hace sufrir.

Algunas personas vienen a nuestras vidas y rápidamente se van. Algunas personas se convierten en amigos y permanecen por un tiempo, dejando huellas hermosas en nuestros corazones y por ellas nunca volvemos a ser igual, porque hemos tenido al lado nuestro otro corazón que vibró junto al nuestro.

Ayer es historia... Mañana es un misterio... Hoy es un regalo... Es por ello que es llamado... El Presente. Creo que esta vida es especial, por eso hay que respetarla.

Te sientes solo, sola?. Mira a tu alrededor y encontrarás mucha gente esperando tu sonrisa para acercarse más a ti. Asunto sellado con el corazón.

Somos amigos o no? Una vez me lo dijiste, pero se me olvidó. Así que dímelo otra vez pero con la verdad, de modo que yo pueda decir: Acá estoy para ti.

De todos los amigos que he llegado a conocer, tu eres a quién no olvidaré y si muero antes que tú, iré al cielo y allí te esperaré.


Armando Maronese
06 de julio de 2009
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sábado 27 de junio de 2009

Amarte por siempre


Pues sí, era yo quien te estaba observando mientras, sentada en el borde de tu cama, pasabas la crema en tus pies. Sólo te diste cuenta cuanto levantaste los ojos y los clavaste en los míos. Esos, tus ojos, de mirada dulce, muy dulce pero abrasadora. Y mientras miraba tu hermosura pensaba cuanto me hubiera gustado ser yo quien te pasara la crema. Y tu te diste cuenta y sutilmente, tus ojos me invitaron a hacerlo. Lo hice y noté tu estremecimiento, el cual hice mío. Y eso siempre lo haré aunque a veces no te des cuenta de ello, aunque te quieras alejar, pues de una forma u otra siempre estaré en ti, en tus pensamientos, en tu quehacer diario, en tus momentos de relax o de trabajo, en tus momentos de esparcimiento junto a tus amigos. Y entre ellos, sin que nadie se de cuenta, me verás.
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Me provoca tu mirada, tu ternura, tu forma de ser, el sonido de tu voz... tu interior. Tus sentimientos son nobles, tiernos, sublimes.
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Pero noto con tristeza que te vas, que quieres apartarme de tu mente. Quizás me ames como yo lo hago, no lo sé, aunque aparentas sólo quererme pero deseas inconscientemente que me acerque. Cuando estoy me apartas todo lo que puedes, pero cuando me aparto te inquietas.
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A veces, cuando te alejas, divago por esos caminos que tiene la vida, quienes me encierran y me atrapan. Entonces miro al cielo y el gris plomo de tu ausencia está conmigo. La tristeza me embarga cuando tu no estás y el llanto silencioso me acompaña, aunque en lo mas profundo de mi ser sé que regresarás.
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Pensándote, te he pintado de mil maneras diferentes. Te he pintado en todas las estaciones del año. Vaya donde vaya, al campo, al mar, caminando sin rumbo fijo, siempre estás, reflejando tu espíritu de vida como reflejaste en mi interior la semilla del amor que brotó un día, y que fue creciendo cada día más hasta volverte indispensable.
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Ha llegado el invierno amor y todo se viste de gris, pero el sol y el calor de tu belleza lo plasmo en mi mente constantemente y eso hace que el frío en mi interior no sea tanto. Mis manos no se cansan por sostener tus tiempos en mi mente y en mi corazón.
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Rugen las olas del mar. Está bravo y me acongojo. Entre ellas y la niebla creo ver tus ojos y los míos brillan con la esperanza. Las gaviotas se oyen a lo lejos, que murmuran celos. A lo lejos se escuchan ¿Las oyes?
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Cuando llegue a puerto seguro encenderé los leños... esos, que pusiste antes de irte dejando en ellos la esperanza. Quiero calentar el frío que ha quedado con tu ausencia. Descanso junto al fuego y dentro de mi corazón siento que el invierno no será mi frío, pues tu amor será al fin mi refugio que tanto deseo y entonces, pintaré tus manos con las que me acaricias, y pintaré tu amor hasta el desvelo.
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¿Mi vida? No conocía el significado de esa palabra hasta que te adentraste en ella. Ahora estoy desorientado, porque me hiciste conocerla en profundidad pero sin ti estoy solo ¿Y sabes? Tengo celos del viento que acaricia tus cabellos, tengo celos de otros ojos que te miran, del agua que riega tus labios, acaricia tus hombros y tus senos. De la noche que abriga tu ser. De tus sueños, del sol que abraza tu cuerpo. De tus ansias de amor. De las estrellas que te miran, sin querer ¿Recuerdas nuestras estrellas?
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Mis sentimientos son más grandes que un te quiero, mucho más... ya pasaron de un te quiero... ya pasaron al amor ¿Y por qué? Porque tienes un interior demasiado bello, sensible, delicado, sano y me lo has abierto a mí muchas veces. Pero además de tu interior, eres hermosa para mí... tus ojos, tu mirada, tu boca, el sonido de tu voz, la manera de acariciar mis manos. Y yo hago de todo esto un conjunto armonioso... porque estás compuesta como todos, de tu interior y de tu exterior. Pero tu interior es mucho más importante para mí, porque es lo que te hace mujer y mujer te quiero. Yo sé que lo tuyo no es amor pero no importa... yo te seguiré esperando hasta mi muerte. Te amo demasiado y nadie, pero nadie, podrá prohibirme amarte como lo siento.


2009, Armando Maronese
S, 27-06-2009



viernes 22 de mayo de 2009

El motivo y el por qué


Querer es un sentimiento del alma, estoy de acuerdo y eso nos une a otro ser. Pero amar es diferente al querer. Claro que no condiciono el amor por un para qué.

Pero eso sí. Cuando uno quiere es por algo y siempre hay un porqué. No un para qué. Sí hay un porqué y también un motivo.

No hablemos de amar... simplemente de querer. El motivo: Cuando quiero a alguien es porque lo siento y si lo siento es porque ese alguien me quiere, o me abre su alma o corazón. O simplemente tenemos afinidad. El por qué: Es porque mi corazón así lo siente. Simplemente. Hay un porqué y un motivo.

Yo tampoco condiciono mi amor a un para qué, pero sí a un por qué y a un motivo. En mi vida muchas veces lo he explicado. No es tan fácil como el decir: te quiero y punto. Si uno quiere, es porque nace un sentimiento por algo y ese algo es grande. Tan grande que a veces puede hacer perder la cabeza.

Yo no creo en las personas duras a las cuales les rebotan todas las balas en su coraza. No. Si así fueran no tendrían corazón... no tendrían esas fibras que vibran. Y que hermoso es cuando vibran. Que uno se quiera hacer pasar por una de esas personas duras es otra cosa o que haga esfuerzos para serlo. Pero que feo que es.

Diferente es cuando uno quiere a otro, pero de pronto aparece otra persona en su vida y ya no sabe que hacer con la que quería primero. La quiere sí, pero en una escala de valores un poco menor, pero eso no significa que la deje de querer. La superación de alguien por otro es algo que sucede muy a menudo en la vida. A veces la transición es simple, pero otras veces causa dolor.

Pero aunque hay transiciones simples y también dolorosas, estas últimas son las más frecuentes. Pero ello no quita que la persona que ha sido relegada en un peldaño en la escala de valores, deje en el otro corazón cosas hermosas que resultan indelebles, quizás de por vida. Aún con el paso del tiempo perdurarán y en cualquier momento aflorarán. Puede ser viendo una flor, leyendo cierto poema, mirando el mar o pasando por el campo o el olor a hierba recién cortada. Puede ser también por un simple pensamiento, que hará aflorar cosas hermosas vividas. Como el recordar unos ojos, una boca, unas manos, una voz o una risa.

La vida tiene esas cosas. Muy pocas cosas son fijas y ello es una verdadera pena, por lo menos para mí, claro. Todo depende de la forma como se piense, como se ame o la presencia de otras personas que pueden aparecer así como así en la vida de cada uno.

Pero así se dan las cosas. Unos sonríen, gozan, son felices, mientras a otros se les dio vuelta el mundo y ya no sonríen, ni gozan y pasan a ser infelices y a sufrir.

Yo siempre dije que la persona que ama, siempre sufrirá en algún momento determinado de su vida. Los momentos que tiene la vida son muy cambiantes, ya que están expuestos a muchas cosas.

Pero caramba, ya me puse a divagar como un verdadero idealista. Pero releyendo lo que escribí en las hojas viejas de este cuaderno, veo que me sirve para un artículo y seguro que lo publicaré uno de estos días. Total, no he cambiado opiniones sobre el mismo y todo nació de mi mente soñadora. La perpetua mente soñadora de mi ser. Sé... estoy casi seguro, que aún en los últimos momentos de mi vida, estaré diciendo algo que nacerá en mi mente y seguramente será algo sobre el amor. Así soy yo. Así nací y así moriré. En esta vejez que ya tengo, nadie me va a cambiar y nadie lo hará porque el amor es así, grande, hermoso, luminoso. Por el amor nacemos, por el amor vivimos y aún por el amor morimos.

Lo que sí puedo decir, es que a medida que pasan los años y uno se va adentrando en esa etapa de la vida en la cual ya no le sirve a nadie para amarlo, esa etapa justamente hasta su ocaso, es donde el hombre más comprende al amor. Más lo siente y lo valora, mucho más que un joven ¿El motivo? Es simple. Ama al amor y lo comprende y esto sucede porque lo analiza y por fin se da cuenta -cuando ya es tarde-, que el amor es lo más valioso que una persona pueda tener en su vida. Unos se dan cuenta en esta etapa de su vida, pero yo tuve la suerte de comprenderlo bastante tiempo antes. Quizás haya sido porque he escrito sobre el amor, porque así lo he sentido. Uno no puede escribir sobre el amor sin comprenderlo y yo escribí durante toda mi vida. Tuve mucha suerte y agradezco a Dios por ello.

Gracias Dios mío por haberme dado la facilidad de escribir poemas, de sentirlos en el fondo de mi corazón. Y hablando de poemas, una querida amiga me hizo resaltar y recordar una frase mía de una prosa que dice: el poema más hermoso no tiene voz ni forma. Es el que cada uno siente en el fondo de su alma, pero el poema más hermoso es el que sabe llegar al alma."

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© 2009, Armando Maronese
Jueves, 21 de mayo de 2009

martes 31 de marzo de 2009

La mujer y los poemas


La mujer... ese ser misterioso y maravilloso. Nadie ni nada le gana a esa bella, armoniosa y misteriosa composición.

Por cada hombre, le corresponde una mujer, y por cada una de ella existe una hermosa prosa viviente. Por cada prosa, un verso. Por cada verso, un suspiro y por cada suspiro, un hombre enamorado.

Pero ¿Cuál es el mejor poema para ella? No hay ninguno específico pero, sin dudas, es aquel que brota del corazón y acaricia la boca al recitarlo y hace volar los sentidos al pensarlo.

Es la respiración del ser amado, el canto de un pájaro, el sonido del romper de una ola en un mar calmo, el silencio del campo.

El poema más hermoso no tiene voz ni forma. Es el que cada uno siente en el fondo de su alma, pero el poema más hermoso es el que sabe llegar al alma.

© 2008, Armando Maronese
Lunes, 03 de marzo de 2008
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lunes 30 de marzo de 2009

Cuerpo y alma de mujer


Desnudar a una mujer, es un nido de emociones que no se verá a través de su piel, ya que es una geografía que se admirará sin llegar a su esencia, si ella no lo quiere.

Si se quiere desnudar a una mujer, nunca se logrará. Se hará sí, con su vestimenta, pero nada más. Se verá su cuerpo, se verá su hermosa piel, se verá su sexo, pero no más de ahí.

Por eso desnudar una mujer, no alcanza para descubrir su mundo secreto y lo más probable, por no decir lo más seguro, es que sus ojos cuenten mucho más de lo que se quiere saber. Cuando sus ojos miran fijamente, dicen muchas cosas y como seguramente uno mirará su cuerpo, ni cuenta se dará lo que sus ojos están diciendo.

Ella sabe que para llegar a su alma, se deberá mirar con mucha más paciencia, pues aun desnuda, estará vestida de pleno misterio. El fuego de su interior, sólo se conocerá mirando su corazón a través de sus ojos, y aún sin ropas, no nos pertenecerá.

Al desnudar a una mujer, nunca se logrará quitarle su mejor prenda…el pudor. Miraremos su cuerpo esbelto, hermoso... su piel, pero debemos aprender que no existe seda que supere su piel, ni tela que pueda esconder su encanto.

Si supiéramos lo que significa desnudar a una mujer... Desnudar a una mujer, es como quitarle los pétalos a una flor. Es llegar hasta la puerta de los sentidos y caer de rodillas ante el altar sagrado de su fuente de vida.

Pero nunca debemos dejar de recordar… que aún sigue sin pertenecernos. No es de esa forma como conoceremos su cielo. Tal vez conozcamos algo del nuestro, pero no el de ella. Con ella puede el artista, olvidar por completo lo que es una línea recta y naufragar en un mar ondulado de luces y sombras.

Si esa mujer nos mira profundo, no es que quiera hacernos un regalo a nuestros ojos. Lo que quiere hacer, y de eso se trata, es un regalo para nuestra alma. Sin lujuria, sin morbosidad, ni dobles mensajes. Cuando ella lo quiera nos dará lo que queremos, pero nunca su pleno interior, pues esa mujer es el misterio más grande de este mundo.

Es miel, es rocío, es frutas, es aromas y sabores. Es la mejor obra de arte de Dios en este mundo y llevada a la pintura, a la fotografía y a la escultura. Es lo que mueve al mundo y nuestra inspiración nace de ella.

Además, la mujer piensa con el corazón, actúa por la emoción y vence por el amor. Que tiene emociones y transmite cada una de ellas con una sola mirada.

¿Quién entiende a la mujer? Esa es la pregunta más repetida por los hombres y a la cual muy pocos tienen acceso... a la verdadera respuesta. Un ser superficialmente frágil, pero con un misterio infranqueable por dentro. ¿Qué esconden ellas detrás del rubí y del delineador?

Nunca nos debemos preguntar quien entiende a la mujer. Sólo podremos entender de ella lo que nos transmitan sus ojos. La mentalidad de la mujer es infinitamente impredecible e inentendible.

Toda una corriente machista se evapora con esa pregunta. Quizás en la mesa del bar, aún quedará solito ese muchacho que no se cansa de repetir una y otra vez que ellas no ocultan nada y que son fáciles para todo aquel que sabe comprenderlas. Lo cierto es que siendo la mujer tan bella, el hecho de que sea impredecible, la hace más hermosa aún.

Es el misterio de ser mujer. La mujer tiene la misma dignidad del hombre, más tiene características específicas que hacen de la mujer, mujer.

En lo general la mujer es bondadosa, perseverante, con deseos de ser sostenida y acompañada, con deseos de seguridad y de evitar riesgos; su máximo es amar y sentirse amada.

En lo físico, la mujer está hecha para conservar la vida, recogerla, hacerla germinar, florecerla, perfeccionarla. Posee instinto maternal y cuidado directo de los hijos, mayor sensibilidad a estímulos afectivos, voz de timbre agudo, complexión fina.

En el ámbito sensitivo, la mujer es afectuosa con deseo de ser cortejada, capta lo particular, los detalles, lo pequeño, lo próximo.

En el ámbito cognoscitivo, la mujer predomina la captación por los sentidos, la intuición, tiende a lo subjetivo y personal, fija su atención en lo concreto, su pensamiento es profundo, vive de experiencias.

En el ámbito de la voluntad, la mujer es movida por la compasión y la misericordia. Se le convence llegándole al corazón, vive por algo, se enfrenta con gran resistencia al sufrimiento.

En el ámbito religioso, la mujer siente más a Dios, ora con el corazón, es piadosa.

En el aspecto moral, es suave, tierna, apegada a sus principios, atenta, dócil, compasiva.

Esto predomina en la mujer por ser mujer. Ella cultiva y hace florecer, lo que se encuentra en lo más íntimo de la belleza de aquella criatura capaz de dar la vida.

Debemos recordar por todos los días de nuestras vidas. Ser mujer es algo bello, sorprendente, complicado y confuso. Y es bello porque es como un poema que sólo puede leerse con el corazón. Es sorprendente, complicado y confuso porque las mujeres fueron hechas para ser amadas más que para ser comprendidas, pero si queremos comprenderlas: las deberemos amar.

Existe entre la mujer y el hombre una diferencia muy grande. La mujer es otro mundo del mundo del varón. Éste no la puede comprender diáfanamente. Ella es algo vaporoso, delicado, una ilusión, un sueño.

La mujer no es inferior al hombre. La mujer no es superior al hombre. La mujer es igual en todo al hombre. ¿Qué es la mujer? Simplemente, es distinta al hombre.

La mujer ha de ser eso. Mujer, y ha de cumplir su destino femenino en la sociedad, en la humanidad y en el universo.

El ser mujer es un misterio por excelencia, por eso la mujer es un enigma para el hombre.

El hombre en su expresión general, es la más elevada de las criaturas. La mujer, el más sublime de los ideales. La Mujer es Tesoro incomparable, porque su estima sobrepasa largamente al de las piedras preciosas.

El corazón de un hombre está en ella confiado y no carecerá de ganancia. Le da ella bien y no mal todos los días de su vida. Busca lana y lino y con voluntad trabaja con sus manos. Es como nave de mercader que trae su pan de lejos.

Considera la heredad y la compra y planta viña del fruto de sus manos. Ciñe de fuerza su espalda y refuerza sus brazos. Ve que van bien sus negocios, pero su lámpara no se apaga de noche. Aplica su mano al huso y sus manos a la rueca.

Dios hizo para el hombre un trono; para la mujer un altar. El trono exalta, el altar santifica.

El hombre es cerebro; la mujer, corazón. El cerebro fabrica luz, el corazón produce amor. La luz fecunda, el amor resucita. El hombre es genio, la mujer ángel. El genio es inmensurable, el ángel es indefinible. Se completa lo infinito, se admira lo inefable.

La aspiración del hombre es la suprema gloria; la aspiración de la mujer es la virtud extrema. La gloria hace lo grande, la virtud hace lo divino. El hombre tiene la supremacía; la mujer la preferencia. La supremacía significa la fuerza, la preferencia representa el derecho.

El hombre es fuerte por la razón; la mujer es invencible por las lágrimas. La razón convence, las lágrimas conmueven. El hombre es un código; la mujer, un evangelio. El código corrige, el evangelio perfecciona.

Feliz del hombre que tan solo por un día, sepa entender el alma de la mujer.
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© 1992, Armando Maronese

jueves 5 de marzo de 2009

Se nos va el amor


Las horas que pasan tan crueles me asustan.
Tu ausencia se ahonda más y más,
y siento que el alma se muere de frío,
pues falta el cariño que ya no tendrá.
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Tal vez sea cierto que cuando dos seres
se encuentran queriendo buscar el amor,
es el sufrimiento que marca sus pasos,
y la incertidumbre se vuelve temor.
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Recuerdo otros días que fueron felices,
cuando las palabras gritaban pasión,
hoy sólo nos queda retazos de tiempo,
y en nuestro recuerdo este gran amor.
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Quizás sea posible volver al comienzo,
restaurar la dicha en el corazón,
y será la gloria creer que es posible,
sentir nuevamente aquella ilusión.

. Ana Maria Bianchi
( 2007)
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domingo 8 de febrero de 2009

Mi vida en gris


Llueve en la ciudad y estoy tan triste,
que los grises se mezclan con mi alma.
Cada gota que cae me recuerda
el sabor amargo de las lágrimas.

Camino sin sentido por las calles,
sólo escucho una voz en mis oídos.
Que lástima, que muerde mis entrañas,
porque dice que ya todo esta perdido

El murmullo de la gente ya no escucho,
ni el chasquido de baldosas a mi paso,
sólo siento un gran frío que se cuela,
no hay abrigo que pueda soportarlo

Sólo oigo un latir enloquecido
de un corazón que ruge desangrado.
Se deshace en cada golpe, ya se muere,
mas no deja de sentir lo que ha pasado...
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Ana María Bianchi
(Septiembre de 2007)



Mi amor por ti


Amarte con mi piel y con mi sangre,
amarte con la esencia de mi ser.
Sentir que todo puede revelarse,
bebiendo tu ternura con placer.

Tu alma está puesta en tu mirada,
delicia de mis horas de candor,
envuelta en torbellino de palabras,
me dejo deslizar hacia tu amor.

La aurora trae colores de nostalgias,
la noche sus matices de pasión,
en este colorido me abandono,
queriendo presentir tu corazón.
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Quizás amor, yo nunca te lo diga,
tal vez mañana tu no lo sabrás,
Más quedará fundido en tu existencia,
y esta historia de amor no morirá

Ana María Bianchi (Abril de 2005)

Amor negado

Camino, camino. Miro y no veo. Pudo ser mucho y fue tan poco. Es tan triste y es tan grande, pero a la vez tan pequeño.

Es tan hermosa. Ella... esa hermosa mujer que me desvive. Mi corazón vibra enloquecido cuando la veo. Tiene esos ojos color miel que me atrapan cuando me miran fijo, como ese torbellino en el mar. Pero ya no se fija en mí y me encuentro solo.

Ese amor que al final no se dio. Ese dolor que no se puede controlar... ¡como arde dentro de mí..! como duele. La ilusión se aviva y me consume lentamente. Me quema. Me hiere.

Estoy encerrado en mi soledad. La soledad es esa reja que no se ve y no me deja salir. La soledad es ese llanto que no cae por las mejillas pero duele en el alma. Hay lágrimas de tristeza y de alegría, pero no de soledad.

Ella es mi vida, ella es mi todo, pero se niega y me cierra la puerta aunque secretamente me ama. Tiene miedo. Miedo al dolor pues ha sufrido ya en épocas pasadas. Entonces, se encierra en sí misma con una capa protectora. Pero a veces me da amor, se entrega a mí y cuando lo hace, es pura ternura y pasión. Pero no deja estable su actitud y por ello no contagia su ilusión, ni su amor. Se guarda el dolor que la niega como dulzura. Su esperanza se desvanece y la sonrisa se escapa de su hermoso rostro.

Ella sabe que ese amor que no entrega en forma permanente, lleva su rostro y el mío. Tiene su voz y la mía. Tiene sus labios y los míos. Tiene sus caricias y las mías. Me falta la compañera de esperanzas y desesperanzas, de buenos y malos momentos, de alegrías y tristezas. Alguien a quien amar, abrazar, acariciar, besar, a quien extrañar, con quien reír, con quien llorar, por quien estar de otra forma..., ella unida a mi vida.

Aunque deseo tenerla entre mis brazos yo no necesito verla en presencia para amarla, pues la llevo en mi alma y muy dentro de mi corazón. Pero la veo en mi mente y escucho su suave, grave y dulce voz.

A veces, es triste y callada. A veces es risas y palabras. A veces es puro amor y pasión. Recuerdo su carita apoyada sobre mi hombro; sus ojos cerrados; su corazón latiendo acelerado.

Me tiene por entero y ella lo sabe. Porque la noche no tiene luna si ella no es la luna. Porque la tengo lejos y no es mía. Porque la llevo siempre aunque no esté conmigo. Porque la pienso sin que me piense.

El tiempo pasa y digo permanente su nombre en voz muy queda. También en silencio, para que nadie me escuche, para que nadie me la robe. Pero aunque no la tenga conmigo y esté lejos y el tiempo pase y yo diga su nombre, aunque ella no me escuche y no lo sepa, aunque no lo quiera... así la amo. No tengo nada de ella para apretar contra mi pecho en mis momentos de angustia y, entonces, en voz baja la nombro; mi voz sale entrecortada por el llanto silencioso.

Y yo la pienso y le digo: No te vayas ahora por favor, no me dejes así, sin empezar. No me dejes con todas estas frases y todos estos besos que son sólo para ti. No me dejes ahora en medio de este frío y de esta lluvia, en medio de esta calma y de esta noche; al menos permite que te hable de mi amor. Al menos escúchame y no me des la espalda y un adiós. No me dejes solo en la batalla pues quizás ésta sea la guerra para ganar. Escucha mi voz y deja que mis manos se expliquen mejor, en medio de esta noche y de este amor. No te vayas ahora. Ahora no.

Sin ella nada no tengo nada. Quizás, algún día, ella quiera que mi corazón, despierte para recibir su amor. Quizás, algún día, ella quiera tenderme su mano, dispuesta a compartir. Quizás algún día quiera que mis ojos vuelvan a admirar su belleza. Si ello sucediera, le abriría las rojas puertas de mi herida, para que penetre en lo más profundo de mi ser; que perciba la luz de mi alma y la fuerza de mi corazón destruyendo al dolor.

Donde hubo fuego sábanas gastadas quedan. Donde hubo amor sólo dolor. De no tenerla queda, y en medio de este tiempo, tiempo de no tenerla. Tiempo de soledad sin estar solo; tiempo de risas sin alegría. Y en medio de todo esto, sólo escucho su suave voz.

¿Y qué haría ella sin mis dudas, sin mis enfados y mis manos? Sin preguntas, sin respuestas. Sin respuesta a sus preguntas. ¿Y que haría sin mi voz, sin mi roce en su cabello, sin mi risa de sus bromas, sin mi forma de mirarla?

¿Y qué haría yo? Repartido entre las sombras. Descansando entre mis penas. Robándole palabras. Acechándola en el día. Transpirándola en la noche. Pintando de colores su luna y recorriendo sus volcanes.

¿Y como podría vivir de otra manera? Sin tenerla aquí bajo un cielo gris o luminoso. Sin poner rubor en sus mejillas. Sin que me tenga y sin tenerla mía. Y mojarnos juntos y querernos juntos. Sin verla alejarse y sin preocuparme. Y verla de cerca y querer besarla. Y verla bailar y al final del día poderla cobijar.

Este hoy con toda mi soledad, sin alegrías, con muchos pesares, es mi vida, es lo único que tengo. Pero no puedo conformarme con eso. Necesito que ella venga a mí; lo necesito como el aire que respiro, pues sin ella es ir muriendo poco a poco. Distingo el olor de las flores, de las cosas, el olor del mar y... el olor de su piel que conservo como un tesoro, cada vez que la recuerdo.

Y pasan los días y pasan las noches y yo sigo aquí pensando en sus ojos; esperando que llame y oír su risa, esperando un momento para darle un beso, queriendo abrazarla y decirle cuanto la amo...

Y hoy la veo tan lejos y la siento fría, y quisiera llevarla lejos de esta brisa, lejos de sus sueños, y poder llenarla de mil alegrías y sentirla cerca y tenerla mía...

Y pasan las noches y pasan los días, y se van los soles y se van las lluvias, y el Tiempo no para y es solo un pretexto para recordarle que hoy también... la amo.

Aunque amo los colores, hoy para mí todo es gris, salvo cuando pienso en sus ojos color miel. Amo sus ojos, la amo a ella entera. Amo su boca pequeña y quiero besarla; amo su piel y quiero olerla y besarla. Quiero lamerla. Mi beso es una sed loca que no la sacia el beber; sólo lo haría su boca si tuviera la misma sed... La siento tan cerca pero no la veo.

Extraño su boca, su lengua, sus ojos amorosos, su desesperación y pienso que los instantes perdidos son irrecuperables. La vida puede y deber ser vivida con lo que se nos presenta ahora, en el presente. Puede ser serena, puede ser competitiva, puede ser alegre, puede ser triste, pero siempre los momentos presentes son irrecuperables.

Si ella me amara, me devolvería la vida. Me devolvería la dicha de ver, de contemplar. Podríamos ver juntos el mar, las estrellas, la luna, el sol, las flores, la vida. Para amar vivimos y sin amor la vida no existe. Sólo quien ama vive. Si me ama, sabré que todo aquello que florezca en mí llevará su marca para siempre.

Y si decide no amarme, entonces seguiré encerrado en mi soledad; pero sabré sin que me dé cuenta, que en mi interior habrá claridad; mi boca estará sellada pero el deseo de besarla se encontrará latente; mi corazón estará frío pero sé que seguirán mis latidos para amarla.

Recuerdo un escrito de Rabindranath Tagore, poeta indio, que dice:
"Si de noche lloras porque se ha ido el sol, tampoco podrás ver las estrellas".

A veces, se hace demasiado difícil poder ver las estrellas. El ser humano, eternamente insatisfecho, padece cuando no tiene nada y también padece cuando tiene demasiado. ¿Es bueno dar demasiado amor?¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo ella dejará escapar lo que tenemos buscando lo que tampoco disfrutaremos? ¿Y hasta cuándo seguirá pensando que es tarde, que ya no hay oportunidad y que puede sufrir? Pienso que es mejor sufrir amando que vivir vacío. Sin ella todo me falta. Me falta la vida.

© 2009, Armando Maronese
Viernes, 30 de enero de 2009
Sábado, 07 de febrero de 2009

martes 3 de febrero de 2009

Me estoy sintiendo así, marcada a fuego.


Me estoy sintiendo así, marcada a fuego.
Por tus besos, tus caricias y ternura.
Dejo que mi alma vuele hacia tu encuentro
Para fundirse cual metal junto a la tuya
.
Este río de amor que me recorre,
Surca mi cuerpo y nubla mis sentidos,
Mi razón no entiende todo esto que siento
Sólo sabe que te quiero todo mío
.
Con mis manos yo te alcanzo entre las sombras
Y te acerco hacia mí con ansias locas
Te recorro con mis labios afiebrados
inundados de pasión que los desborda.
.
Ana María Bianchi

miércoles 14 de enero de 2009

El mar, las olas, la noche


El mar, las olas, la noche ¿Recuerdas? Dios te guarde mi vida. Sólo Él sabe la grandeza de lo que siento hacia ti. Te amo tanto que deseo cuidarte. Cuidarte para mí. Cuidarte para nosotros dos. Te siento como algo precioso, invalorable, como lo más hermoso que me pudo deparar la vida.

No sé. No sé que palabras poner para explicar lo que siento. Sólo sé que este amor tan grande que siento hacia ti, me hace doler. Pero es un dolor que me produce placer. Duele, pero me siento bien. Me siento grande pensando en nosotros.

Ayúdame vida para explicarlo. Quizás tu tengas las palabras más precisas para ello. En este momento tengo un dolor porque te pienso y no te tengo a mi lado. Además, me juegan los celos. No te rías, pero es la verdad.

Esta tarde estaba pensando, cuando miraba el mar, que caminábamos tomados de la mano por la costanera y luego bajábamos a la playa y nuestros pies descalzos se hundían en la arena donde morían las olas. Jugábamos como dos jóvenes enamorados, pues así nos sentíamos. Siento una fuerza inmensa dentro de mí que quiere salir, pero no la dejo. Quiero que tu abras la puerta para que esa fuerza salga y te abrace, te ame, te bese. Yo luego me encargaré de hablarte suavemente al oído y de besarte en tus labios temblorosos y en tu cuello. Labios temblorosos que esperan recibir mi beso lleno de mis sentimientos, como los míos esperan los tuyos.

Cuan grande es lo que siento. Escribo y las palabras salen a borbotones de mi mente, pero no puedo explicar con palabras precisas como es mi amor hacia ti. Sólo sé que me duele, pero me agrada.

¿Cuántas veces ya te lo he dicho? Pues sí, te amo, pues eres mi todo. Ya, a esta altura, no podré vivir sin ti.

Mira la casita que enfrenta al mar... la que soñamos. Oye la melodía. Ya la tengo dentro de mí y la tatareo a cada momento. Miro la casa y nos imagino a nosotros dos dentro de ella, amándonos.

Piensa en mí querida. Piensa fuerte en mí, pues yo lo hago contigo. El solo pensar en ti me eleva. Me eleva de tal manera que me hace sentir bien, grande y fuerte.

Quiero abrazarte... aprisionarte entre mis brazos. Mirarte a los ojos y ver que me dicen. Luego te besaré... suave, apasionado, jugando con nuestras lenguas... como te agrada.

Nunca olvides lo que siento. En este momento me late fuerte el corazón...

© 2008, Armando Maronese
Sábado, 06 de diciembre de 2008

domingo 4 de enero de 2009

El beso


Un beso es como morir dos veces: la primera por el deseo y la segunda por el recuerdo de la sensación desvanecida. El beso es el idioma de las almas ¿Qué es el beso? Es un dulce encuentro, después de una larga búsqueda. El primer beso no se da con la boca, se da con la mirada. Lo bueno de los años es que curan heridas, lo malo de los besos es que crean adicción.

El beso es una sed loca que no se apaga con beber, sólo se apaga con otra boca que tenga la misma sed. El beso es la expresión de una pasión incontrolable que se manifiesta en el deseo de poseerte. El amor es una pregunta eterna cuyo signo de interrogación son los besos. Los besos robados son siempre los más dulces... el único idioma universal es el beso.

El beso es el contacto de dos epidermis y la fusión de dos fantasías... ¿Beso? Un truco encantador para dejar de hablar cuando las palabras se tornan superfluas. El más difícil no es el primer beso, sino el último. Un beso legal nunca vale tanto como un beso robado... Si vas a robar algo ¡qué mejor que un beso!

Armando Maronese

Estoy para ti


Ven amor, que te espero ya en nuestro espacio. Tengo todo dispuesto para recibirte ¿Hueles la casa? La cena está reposando en el horno, el vino enfriándose y el pan cubierto por una linda servilleta bordada.

No encenderé las velas sino hasta que oiga tus pasos cada vez más cercanos a la puerta. Pero eso sí, las lamparitas de mesa que tanto me agradan estarán tenuemente acompañándome mientras te espero.

Aquí todo es cálido, huele a amor, a rosas y cítricos, a cena romántica. La música que tanto te gusta me la grabo en los poros; quiero que cuando me beses el cuerpo, sientas melodías acompasadas en tus oídos.

Al fondo está nuestra cama, pero esta noche nos tendrá que esperar, porque vamos a disfrutarnos mucho, bailando y riendo, abrazados, respirando el olor del bosque que está frente a nosotros.

Amor quiero estar contigo, sé que vendrás y que te esperaré. Que me encontrarás perfumada y que te desnudaré para que uses ropa cómoda. Que mientras me cuentas tus cosas, por tu espalda estoy dándote un masaje y que te beso el cuello, los hombros y las mejillas.

¡Te espero...estoy lista para ti!

Teros

domingo 7 de diciembre de 2008

Sabrías mi secreto

Si conocieras el secreto
que guardo en mi corazón,
Sabrías
quien es la dueña de ese secreto.
.
Si conocieras
las melodías que escucho en mi soledad,
Sabrías
que tan loco estoy por escuchar.
.
Si conocieras
mis deseos de cantar aunque no sepa,
Sabrías
como está mi corazón al desear cantar.
.
Si conocieras
las ganas de tenerte junto a mí,
Sabrías
darme una pista si te agrado.
.
Si conocieras
los celos que le tengo a la nada.
Sabrías
guiarme hacia la paz interior.
Si conocieras
cuanto te pienso,
Sabrías
que estoy enamorado de ti.
.
Si conocieras
cuanto te amo,
sabrías
de la turbulencia en mi interior.
.
Si conocieras... sabrías.

.
© 2004, Armando Maronese
M, 03 de febrero de 2004

Ritual secreto

Amante mío, estoy desnuda, más fresca que el agua azul
para tu noche de amor. Cada extremo de mi boca,
cada esquina de mis miembros se apresuran como ágiles peces
hacia tus tibias aguas.
.
Amante mío, yo deseo la mordedura de tus dientes
y me encamino temblorosa hacia cada uno de tus dedos,
me detengo a mirar tu cuerpo a través de oscura cerradura
e incontenible deseo se posa en mis húmedos senos.
.
Por ti se escapa la sequedad de mi boca,
mi mirada de brújula perdida en tus rincones,
floto voluptuosa en tus profundas aguas
y me abro como flor nocturna a tu plácida noche.
.
Mi cuerpo,
fiesta fértil y lasciva.
Paséeme solitaria, desnuda ante tu noche,
siémbrame semillas olorosas a sal.
.
Mírame desnuda
con la hermosa sospecha
que mi vientre será fértil
a tu salada lluvia.
.
Mi caverna, tibia y silenciosa, guarida perfecta
de tu solitario cuerpo,
Mi boca es suave entre tus dientes,
mi lengua, pájaro que anida en tu boca.
.
Por mi carne fluye sudor de hierro
y me prendo
como alga marina
a tu confuso mar.
.
Soy la obra inconclusa
con infinitas posibilidades para un final.
Me entrego fácil a tus brazos,
con el misterioso encanto de un ritual.
.
Orietta Lozano (Colombia)

Será bueno

las rodillas cruzadas delante del espejo:
el ruido espacioso de la palabra crece lentamente de por sí
pequeñas divinidades contemplativas cero uno me sonríen
serán un conjuro contra los susurros malignos
lo imposible en tres lecciones
solo para mí
la superviviente de un yo difícil
para mí
la indisimulada alegría de estar viva
el grotesco placer de ser no obstante
frigidus sanguis

pero ahora
flotan por doquier
el invierno lobo
el verano caballo
el otoño oso
.
Iolanda Bob
.
Traducerea /Traducción: Joaquín Garrigos

sábado 29 de noviembre de 2008

Caballos en medio del mar

La ternura de un genitivo perfecto
en un mar imaginario,
acaso como el recuerdo de
un campo secreto,
sembrado de sensaciones catódicas
de antaño.
.
Un lago de amapolas al borde de una fiesta,
que alguna vez habrá terminado con
el rapto de las participantes.
.
Una conciencia ecuestre en la saturación no erótica,
extraña profundidad de la simplicidad
interrogativa:
mene fugis?
.
Por Iolanda Bob
.
Traducción Joaquin Garrigos
.
Găsiti poemul meu, Cai în mijlocul mării, în limba română… aici:
Pagina de poezie

miércoles 26 de noviembre de 2008

La melodía del alma

Hoy quiero dedicarte una hermosa melodía... Escribiré con letras los sonidos... Usaré palabras que deleiten tus oídos.. Como únicos instrumentos, tomaré mi pluma y mis sentimientos... Habla mi melodía de un mundo diferente... Allá lejos, dónde sólo llega la mente.

El primer sonido es el silencio, la paz del alma y la conciencia... Poco a poco se invade el aire, con el suave ritmo del corazón, al igual que un reloj: tic-tac, tic-tac. Se levanta una suave brisa, y acompaña su sonido, cual hermosa sonrisa. Cae una hoja del árbol, suena como un cascabel, tintinea dulcemente al caer.

La risa de un niño a lo lejos, hace mi canción enternecer... En el aire las gaviotas, acompañan sin querer. De pronto la brisa se convierte en aire, el aire en viento, y siento su fuerza dentro. El mar se enfurece, las olas con fuerza, rompen en el acantilado embrujado.

Mi corazón se estremece y suena ahora al unísono, de las enfurecidas olas del mar. Los sentimientos revuelven mi espíritu, mi alma parece salir con fuerza y volar. Se levanta una inmensa tempestad. Una tormenta que mil rayos y truenos hace sonar. Lloro y grito con fuerza desesperada, para alcanzar mi alma que quiere escapar.

Miro al cielo, las lágrimas nublan mis ojos, pero veo la tormenta, poco a poco, amainar. Vuelve a convertirse el viento en aire, el aire en suave brisa, y recupera su sonrisa. Regresa la melodía del silencio, el suave tic-tac del reloj... descansa en mi corazón.

Vuelve a reír el niño, con su risa inocente... Caen las hojas del árbol dulcemente. Siento de nuevo la paz en mi espíritu, regresa mi alma despacio y con calma. He alcanzado el mundo diferente, aquél que tan sólo existe en la mente.

¿Has oído la hermosa melodía? Es la música del alma. No la puedo interpretar, pues ningún instrumento musical aprendí a tocar... Tal vez tú, la puedes alcanzar. Pero ahora estás cansada. Duerme. Duerme, con mi dulce canción.

© 1992, Armando Maronese
Jueves, 9 de noviembre de 1989

lunes 24 de noviembre de 2008

Esos momentos... en soledad y con amor

A veces me agrada estar en soledad... a veces no. Usualmente estando en soledad, escribo versos y prosa que para mí son hermosos; no sé que opinan los demás sobre los mismos, pero eso es lo que menos me interesa pues yo escribo para mí, para mi corazón, salvo... que escriba para alguien en especial. Otras veces la soledad no me agrada... todo es según el estado de ánimo.

Hay personas que adoran la soledad; otras que la detestan. Todo depende, de cómo y con quien. Yo me puedo sentir muy solo en un lugar lleno de gente o aún estando acompañado. Y supongo que eso ocurre a muchos.

Dicen que la soledad no es buena compañera. También depende de cada uno y de su estado de ánimo. Yo he navegado mucho tiempo en soledad, acompañado solamente por el mar, la luna y las estrellas o el sol y me he sentido muy bien. También he navegado en buena compañía.

La soledad no es buena amiga, dicen, y menos aún cuando no fue producto de elección alguna. Su peso a veces agobia y las simples amistades no amenguan sus efectos. Puede ser, sí, que cuando llega sin ser invitada puede ser muy agobiante.

También dicen que la soledad no es buena consejera tampoco. Pero no estoy totalmente de acuerdo en ello. Usualmente, a mí me ha aconsejado siempre bien, pero no dejo de reconocer que para otras personas no sea una buena consejera.

Pero el vivir mucho tiempo en soledad y me refiero a vivir sin amor de pareja, que puede ser conviviendo o no, hace que se contraigan ciertos hábitos a los que luego es difícil renunciar o dejar de lado. Uno se acostumbra. Se ensalza y glorifica la libertad de acción, ese terror a perder la libertad, de movimientos, de no tener que dar explicaciones de tiempos y salidas...

Pero no es tan así..., pues al regresar al hogar y saber que se está solo con uno mismo, inevitablemente, el dejo de tristeza y melancolía nos acompañará permanentemente sin que nos demos cuenta, y cuando reaccionemos al ver la realidad, ya será demasiado tarde.

En realidad para mí el demasiado tarde no existe para la mayoría de las cosas terrenales, pero nuestra mente es tan misteriosa, que en cuestiones del amor nunca se sabe...

¿Qué cosa hay más bella que el amor? Si bien a veces me refiero al amor en general, en este momento me refiero muy especialmente al amor que uno siente a ese ser tan especial que nos abre su vida, que nos entrega su corazón, que nos da todo sin pedirnos a cambio nada más que nuestro amor. La entrega, ese sentimiento tan bello que nos hace sentir eso tan maravilloso en nuestra espalda y en nuestro estómago.

Tan hermoso es este amor, que fue el causante del origen de nuestras vidas. Además, es el causante de la sonrisa perpetua en nuestros rostros y de la brillantez de nuestros ojos.
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Armando Maronese
D., 23 de noviembre de 2008


Vivir el hoy...

El ayer ya pasó, el mañana puede ser una esperanza o una incógnita; el hoy es lo importante y valedero. Que cada momento que vivimos hoy con o pensando en la persona que amamos, sea lo más importante que sintamos y lo más preciado. Debemos hacer de esos momentos algo mágico e insuperable con la entrega total de nuestro ser, en el amor y en lo físico (todo es mental). Si obramos así, nos dejará ver esa luz que nos alumbre el mañana.

Cada minuto del hoy es irrepetible y por eso lo debemos superar momento a momento. Debemos hacer de nuestros momentos, eternos y que perduren en nuestros recuerdos. Los minutos pasan y se nos escurren de nuestras manos como el agua de nuestros dedos.

Debemos hacer que el amor y la pasión, crezcan minuto a minuto, sin egoísmos ni intereses ocultos. Por eso debemos dar a la persona amada, lo mejor de nuestra alma y de nuestro corazón. Lo más noble, puro y sincero.

No nos aferremos a cosas banales; vayamos a lo mágico y valedero. Cimentemos y construyamos, aunque más no sea de a poco, lo que sentimos. La vida es hermosa y nos ofrece todo, está en nosotros elegir, pero lo importante es no herir, no engañar.

He vivido mucho y he desperdiciado cosas hermosas, y eso me ha hecho comprender a esta altura de mi vida, que tengo tan solo una y sé que esa vida se compone de momentos y estos de pequeñas cosas, y esta vida no es nada más ni nada menos que un reloj de arena que no se puede dar vuelta para recomenzar.

Cuando malgastamos uno de esos momentos, destruimos a otro. No sabemos si mañana estaremos vivos. Por eso, si malgastamos el que la vida nos otorga hoy, ahora, en este momento, destruimos la última página de nuestras vidas. Por lo tanto debemos aprovechar cada minuto al máximo, tratar con mucho amor cada uno de ellos porque sabemos que no retornarán jamás ya que –quizás-, mañana no estemos para poder decir: te amo.
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Armando Maronese
D., 23 de noviembre de 2008


miércoles 12 de noviembre de 2008

Hacernos el amor

¿Te agrada acaso que te hable del amor? Pues pone tu cabecita sobre mi pecho y mientras te acaricio el cabello y tu cara, lo voy haciendo.

Hacernos el amor. Hacernos el amor es como estar naciendo. Es amanecer en todo nuestro cuerpo. Es no tener pasado ni recuerdos.

Es lamer la piel que cubre la carne estremecida, el grito, el mar bullente, las rítmicas oleadas de la sangre, la torva oscuridad de los abismos, las barcas sin amarras, la lava del volcán, el rosal florecido, la voz ronca que murmura palabras sin sentido.

Es circunscribirse exactamente a los límites que nos otorga el amor, con todo el respeto que nos merecemos. Es amarte hasta la locura, es mirarte y comprender. Es caminar tomados de la mano y mirarnos amorosamente. Es sentarnos a conversar; es reírnos de lo que nos hace gracia. Es sentirnos atados por un lazo invisible.

Es también el límite de nuestra cama, sin salir ni un milímetro de ese contorno que es todo para ti y para mí. Que el cielo baje y que el infierno suba y crezca, como un bosque brotando lentamente en ese cielo.

Hacernos el amor es estrenar las ansias, es convertir caricias y los cinco sentidos en algo nuevo. Hacernos el amor es multiplicar por dos todo lo bello, lo mágico, lo sublime. Es dar y esperarlo todo.

Es tener la generosidad más exagerada y, a la vez, el egoísmo más atormentado. Es vernos por primera vez. Oírnos por primera vez. Tocarnos por primera vez. Olernos por primera vez. Es lamernos por primera vez. Sentirnos por primera vez el gusto agridulce de la transpiración y los jazmines. Que cada vez sea la primera vez, como un ciclo que comienza, como comienza el día y como comienzan las cuatro estaciones.

Es que la otra seas tu, y yo el otro y ambos seamos sabios; y que sepamos de qué manera y con qué ímpetu se puede lograr la unidad perfecta.

Es la sed del desierto interminable... Es ser cántaro y canto, playa quieta y tormenta... Y es, de pronto, la jugosa fruta que la abreva.

Suavidad de satén, aspereza de tronco, huracán y silencio... Juego sereno, caballo desbocado, vértigo...

Es escalar altas cúspides. Es descender hasta el fondo del océano. Marearnos entre nubes y medusas.

Hacernos el amor es concentrarnos los dos para hacernos vibrar, para hacerte mía con solo mirarte, para me hagas tuyo cuando me mires con esos hermosos ojos verdes, mientras mi cara se envuelve entre tus cabellos rubios...

Es hacer explotar nuestros cuerpos viéndolos hermosos, aunque no lo sean, porque lo que los vuelve hermosos es lo que se siente, lo que nos hacen vibrar, estremecernos, lo que nos hacen sentir, lo que nos brindan. Hacernos el amor es vencer a la muerte, relegarla, perderle el miedo y el respeto.

Es creernos y quitarnos de encima las costumbres y los prejuicios, para poder ser otra vez niños. Es ser un puerto al que los barcos llegan... Es el camino que nos trae de regreso... Es concentrarnos en el sentir del otro, como el verano se concentra para hacer las ciruelas y los duraznos.

Es poner las dos manos y la lengua para hacerle al otro, todo lo que nos pida, para cumplirle todos sus deseos... Es saber que la puerta está abierta, pero nos quedamos porque nos gusta con quien estamos.

Y nos quedamos porque el amor nos necesita y lo necesitamos, porque el encuentro de dos seres que se gustan y se aman, es el verdadero milagro, el más difícil, el más importante.

Hacernos el amor es la piel con la carne estremecida cuando me acaricias; es el grito de placer que se escapa de tu boca cuando te beso, te lamo y mordisqueo los pezones; el rítmico movimiento que te provoca que te penetre una y otra vez. Que entre y salga de tu cuerpo ardiente.

Hubiéramos podido cruzarnos por ahí sin vernos, mirando hacia otro lado, distraídos, o haber pasado en momentos diferentes, o no haber pasado nunca... Y no nos hubiésemos encontrado. Pero el destino o la vida, hizo que nuestros caminos se cruzaran...

Tuvo que haber un "algo", un mandato divino, una muy bien estudiada casualidad, para que, entre los cientos de millones de habitantes del mundo, tu y yo coincidiéramos en el mismo lugar y al mismo tiempo. Y que tu supieras. Y que yo supiera.

Para que alguna vez los dos supiéramos... alguna vez, quizás, que hacer el amor es siempre un estreno, como enamorarse. Y no subir o volar hacia las estrellas, sino traerlas a nuestro lado, para que ellas produzcan el luminoso incendio, el fuego purificador que transforma la carne en todo Cielo...

® 1ª E. 2000, Armando Maronese
® 2ª E. 2008, Armando Maronese
.

martes 11 de noviembre de 2008

¿Tu eres el mar?


En el borde del acantilado estoy parado. Roca, roca y más rocas. Abajo, el mar tempestuoso castiga con todo su furor contra las mismas. Sus olas me mojan y el viento me empuja.

Siento frío, mucho frío y mi cuerpo tiembla, pero no puedo quitar mi mirada de tu cuerpo, allá abajo. Tu cuerpo desnudo. Ese cuerpo que tantas veces besé y creí que sería eternamente mío, y aunque el mar me azota con más fuerza, te sigo mirando.

Ya no puedo sostenerme, pero tampoco puedo dejar de admirar tu cuerpo dándome la espalda. Mis ojos de amante desesperado y cansado, se están corroyendo por el agua del mar que los castiga, pero sigo mirándote, observando tu cuerpo hermoso dándome la espalda.

Quiero subir, subir para salvarme del mar, subo a otras rocas pero las olas me atrapan. Y te sigo mirando cuando siento que el mar me arrastra hacia sus entrañas.

Me tomo del borde de una roca filosa que me lastima y siento dolor, pero que desaparece cuando ahora observo tus ojos verdes mirándome, mientras tus cabellos rubios y mojados caen sobre tus bien formados hombros desnudos.

De pronto dejas de mirarme y ya no me importa nada. No me importa sostenerme por mi vida en peligro. Ya no me importa. Ya dejé de querer el mar, de amar la luna que ahora te alumbra. Ya todo está sellado y yo atrapado y sin salida, ya no me miras pues has dejado de amarme.

Ya no tengo tu amor, ya no tengo cuerpo, ni tu boca de finos labios, ni tu cara de nariz perfecta. Que hermosa eres. Tampoco tengo ya tus senos de erectos pezones. No tengo tus brazos. No tengo tus piernas. No tengo nada. Nada de ti. Y mientras hago los pocos esfuerzos para sostenerme, te veo con tu cabello mojado. Ahora me observas con tus hermosos ojos verdes, como si nadie pudiese tocarte ni corromperte, pero me extiendes el brazo como queriéndome tomar.

Ya no estás, no te veo; pero sí te veo. El mar me traiciona. El mar, mi viejo amigo, ahora me engaña a pesar que lo he amado durante tantos años. Ahora ese amor me arrastra hacia la muerte. Y ahora te veo ¿Haces lo mismo conmigo? Pero te veo entre las aguas del fondo y tu mirada es la misma, como igual el brazo extendido que me llama.

Reviven de nuevo hacia ti mis sentimientos, ya no me importan ni el mar ni el viento, sólo me importas tu. Pero te veo atravesada por las olas en un instante y por las corriente del fondo en otro. Es tu cuerpo atravesado por el mar el que me llama.

Tu belleza es radiante y tu sonrisa dulce y eso predomina sobre todo lo demás. Nada más me importa; sólo tu. Quiero tomar tu mano extendida hacia mí, pero ya no puedo. No tengo de donde tomarme ni tampoco fuerzas para hacerlo. El mar me atrapa y las afiladas rocas hieren mi cuerpo. No puedo. Tu sigues mirándome, pero ya no oyes mis llamadas de angustia. Estoy solo. Siento el latir de tu corazón en el golpe de cada ola y tus penas que cantan.

Siento la sal del agua del mar en mi boca y recuerdo la sal de tu cuerpo. Recuerdo tus gemidos. Recuerdo tu espalda. Ya me entrego, no me quedan fuerzas. Me entrego al mar del mismo modo que me entregué a ti. Ya no respiro, ya siento como muero y entonces desde el fondo te veo, en la superficie, de frente, sonriéndome a la luz de la luna.

Armando Maronese
M, 11 de noviembre de 2008
.

domingo 9 de noviembre de 2008

Poema nº 7

Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes
a tus ojos oceánicos.
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Allí se estira y arde en la más alta hoguera
mi soledad que da vueltas los brazos como un náufrago.
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Hago rojas señales sobre tus ojos ausentes
que olean como el mar a la orilla de un faro.
.
Sólo guardas tinieblas, hembra distante y mía,
de tu mirada emerge a veces la costa del espanto.
.
Inclinado en las tardes echo mis tristes redes
a ese mar que sacude tus ojos oceánicos.
.
Los pájaros nocturnos picotean las primeras estrellas
que centellean como mi alma cuando te amo.
.
Galopa la noche en su yegua sombría
desparramando espigas azules sobre el campo.
.
Pablo Neruda
.

martes 8 de abril de 2008

Andanzas de los enamorados

Ven amada mía, vayamos por aquí.
Caminemos por la arena
y que nuestros pasos estremezcan
el silencio cálido de la noche...
.
Mi mano en tu cintura, tu cabello en mi cara,
travieso juego del viento...
Luz plateada proyectando sombras alargadas.
¿Somos de este mundo, amor?
.
No digamos nada, sólo mirémonos.
Vaciemos nuestras mentes,
inundemos nuestros corazones
y sintámonos fundidos el uno en el otro.
.
Así, en esta playa de la Villa
en sombras y sin nombre,
andemos nuestras querencias,
lejos del ruido y de miradas intrusas.
.
Reposas tu cabeza en mi hombro. Tranquila.
Percibo tu límpida fragancia de muchacha pulcra,
que llega hasta mi nariz y va,
directa a hacer latir con fuerzas mi corazón.
.
No hace falta nada más. Todo está.
La noche, la luna, las Tres Marías,
el viento, el ruido de las olas, tu presencia...
Todo lo tengo en mi mano aferrada a tu cintura.
.
Amor, cuanto te quiero.
¿Desearte? Es poco...
.
Armando Maronese
.
L, 14 de enero de 2008

miércoles 2 de enero de 2008

Ritual secreto

Amante mío, estoy desnuda, más fresca que el agua azul
para tu noche de amor. Cada extremo de mi boca,
cada esquina de mis miembros se apresuran como ágiles peces
hacia tus tibias aguas.


Amante mío, yo deseo la mordedura de tus dientes
y me encamino temblorosa hacia cada uno de tus dedos,
me detengo a mirar tu cuerpo a través de oscura cerradura
e incontenible deseo se posa en mis húmedos senos.


Por tí se escapa la sequedad de mi boca,
mi mirada de brújula perdida en tus rincones,
floto voluptuosa en tus profundas aguas
y me abro como flor nocturna a tu plácida noche.


Mi cuerpo,
fiesta fértil y lasciva.
Paséeme solitaria, desnuda ante tu noche,
siémbrame semillas olorosas a sal.


Mírame desnuda
con la hermosa sospecha
que mi vientre será fértil
a tu salada lluvia.


Mi caverna, tibia y silenciosa, guarida perfecta
de tu solitario cuerpo,
Mi boca es suave entre tus dientes,
mi lengua, pájaro que anida en tu boca.


Por mi carne fluye sudor de hierro
y me prendo
como alga marina
a tu confuso mar.


Soy la obra inconclusa
con infinitas posibilidades para un final.
Me entrego fácil a tus brazos,
con el misterioso encanto de un ritual.


Orietta Lozano, Colombia

martes 24 de julio de 2007

Poema LXVI

No te quiero sino porque te quiero
y de quererte a no quererte llego
y de esperarte cuando no te espero
pasa mi corazón del frío al fuego.

Te quiero sólo porque a ti te quiero,
te odio sin fin, y odiándote te ruego,
y la medida de mi amor viajero
es no verte y amarte como un ciego.

Tal vez consumirá la luz de Enero,
su rayo cruel, mi corazón entero,
robándome la llave del sosiego.

En esta historia sólo yo me muero
y moriré de amor porque te quiero,
porque te quiero, amor, a sangre y fuego.

Pablo Neruda
Cien sonetos de amor

Aquí te amo

Aquí te amo.
En los oscuros pinos se desenreda el viento.
Fosforece la luna sobre aguas errantes.
Andan días iguales persiguiéndose.

S e destiñe la niebla en danzantes figuras.
Una gaviota de plata se descuelga del ocaso.
A veces una vela. Altas estrellas.
O la cruz negra de un barco. Solo.

A veces amanezco, y hasta mi alma está húmeda.
Suena, resuena el mar lejano.
Este es un puerto.
Aquí te amo.

Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte.
Te estoy amando aún entre estas frías cosas.
A veces van mis besos en esos barcos graves,
que corren por el mar hacia donde no llegan.

Y me veo como estas viejas anclas.
Son más tristes los muelles cuando atraca la tarde.
Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta.
Amo lo que no tengo. Estas distante.

Mi hastío forceja con los lentos crepúsculos.
Pero la noche llega y comienza a cantarme,
la luna hace girar
su rodaje de sueño.

Me miran con tus ojos las estrellas más grandes,
y como yo te amo, los pinos en el viento,
quieren cantar tu nombre con sus hojas
de alambre.

Pablo Neruda

viernes 13 de abril de 2007

Pienso - Parte 1

Voy caminando como diariamente lo hago, siempre pensativo. Me gusta mirar las vidrieras de los negocios; me detengo, observo y sigo caminando.

Pienso, pienso, en lo que me hace falta, en el libro que me agrada, en la música que me gustaría comprar, en la vida, en los cambios que la misma me hizo, en las cosas que me han pasado, en mi soledad y..., en ella, en esa hermosa mujer que, después de tantos años juntos, ya no se fija en mí y en lo que debo hacer para que nuevamente, vibre su corazón. Estoy solo.

Este hoy, con toda mi soledad, sin alegrías, con muchos pesares, es mi vida, es lo único que tengo. Pero, no puedo conformarme con eso.

Necesito que ella se fije en mí; lo necesito como el aire que respiro; sin ella es ir muriendo poco a poco. Tengo una sola vida y no puedo renacer; tengo que ser feliz. Yo me caigo cuando no soy amado, cuando nadie me necesita. Estoy vivo, pero...

Sé distinguir las cosas, tengo un fino olfato. Distingo el olor de las flores, de las cosas, el olor del mar que siempre tanto me atrajo, así como el del campo y..., el olor de su piel que conservo como un tesoro, cada vez que la beso en la mejilla.

Pero sé distinguir los colores gracias a ella. Me enseñó a descubrir el verde del azul, del rojo, del amarillo, el color del mar que ya no lo conocía a pesar de estar tanto tiempo en él, al igual que el verde y marrón del campo, que lo había olvidado después de haberlo visto tanto tiempo.

Ya no recordaba los colores, pues para mí todo era de color gris. Ahora amo los colores, la amo a ella, amo sus ojos. El color de sus ojos, es el que siempre me ayuda a descubrir la luz de las pequeñas cosas.

Amo su boca y quiero besarla; amo su piel y quiero besarla. Mi beso es una sed loca que no la sacia el beber; sólo lo haría su boca si tuviera la misma sed...

Sigo caminando, cruzo una plaza donde están cortando el césped; aspiro profundo y me lleno de ese aroma tan grato. Pero a pesar que todas las plazas son iguales, tengo la mía donde me siento siempre en el mismo banco, donde pienso, donde desarrollo o escribo mis notas, donde todo es más hermoso. El olor de sus flores, de su césped, de sus árboles..., sólo falta el olor de su piel. Y me siento en el mismo banco, porque sólo en él la percibo muy cerca de mí; no sé cual es el motivo..., sólo sé que la siento tan cerca, pero no la veo.

Por ello, sigo encerrado dentro de mi soledad; esas rejas que no se ven y no me dejan salir. La soledad es ese llanto que no cae por las mejillas, pero duele en el alma. Hay lágrimas de tristeza y de alegría, pero no de soledad.

Me falta la compañera de esperanzas y desesperanzas, de buenos y malos momentos, de alegrías y tristezas. Alguien a quien amar, abrazar, acariciar, besar, a quien extrañar, con quien reír, con quien llorar, por quien estar de otra forma..., ella unida a mi vida.

Sin ella nada me sobra, todo me falta. Estoy vivo en soledad. Sé que nunca seré feliz sino controlo mis sentimientos. Nunca seré feliz si soy víctima de mis emociones, esclavo de mis pasiones o prisionero de mis esperanzas.

Pero como la vida tiene sus vueltas algo me dice, muy internamente, que ella puede venir algún día hacia mí; por eso no pierdo la esperanza. Si fuera así, sería el hombre más feliz del mundo. Quizás, algún día, ella quiera que mis ojos vuelvan a ver los colores, para admirar nuevamente su belleza. Quizás, algún día, ella quiera que mi corazón, despierte para recibir su amor. Quizás, algún día, ella quiera tenderme su mano, dispuesta a compartir.

Si ello sucediera, le abriría las rojas puertas de mi herida, para que penetre en lo más profundo de mi ser; que perciba la luz de mi alma y la fuerza de mi corazón destruyendo al dolor.

Su amor me devolvería la dicha de contemplar, con amor, una flor, las estrellas, el sol, el mar, el campo, un ave..., la vida. Sin amor la vida no existe, pues para amar vivimos. Sólo quien ama vive. Entonces sabré que todo aquello que florezca en mí, llevará su marca para siempre.

Si así no sucediera, le diré adiós y sé, que con esa despedida, mi esperanza morirá dentro de mí causándome mucho dolor. Pero le diré adiós para toda la vida, aunque toda la vida seguiré pensando en ella.

Y entonces, volveré a la soledad; mis días entrarán en tinieblas, pero sé que en mis noches, podré soñar; no tendré palabras pero sí mi pensar; mis ojos volverán a ver todo de color gris; pero también sé que en mi interior, sin que me dé cuenta, habrá claridad; mi boca estará sellada, pero el deseo de besarla se encontrará latente; mi corazón estará frío, pero sé que seguirán mis latidos para amarla... Todo será así. Sé que será así.

Sigo caminando, pienso, pienso...; pienso que no tengo nada de ella para apretar contra mi pecho en mis momentos de angustia y, entonces, en voz baja la nombro; mi voz sale entrecortada por el llanto silencioso.

Pienso que a veces, es demasiado tarde para empezar de nuevo.

® 1998 Armando Maronese
M., 15 de septiembre de 1998

Pienso - Parte 2

Pasó el tiempo y se produjo el milagro. Volvíamos de hacer unas diligencias, cuando noté algo extraño en ella.

Hacía mucho calor ese día. De pronto, se volvió hacia mí y me dijo: ¡qué calor hace hoy!. Entonces pude percibir en sus ojos, esa sutil invitación al beso.

Me acerqué a ella, la tomé por la cintura, acerqué mis labios a los suyos, la besé con pasión desenfrenada y cual fue mi sorpresa, al sentirme correspondido.

Oh!, mi mente se elevó, mi corazón empezó a latir fuertemente y noté también, el brío del suyo. ¡Qué dicha inmensa!. Volverla a tener entre mis brazos, oler nuevamente su piel hasta ahora lejana, besarla nuevamente.

En ese momento me olvidé de mi soledad, de mi tristeza y de todos mis pensamientos. En ese instante, me importó sólo ella y nada más que ella. No existía nada más para mi.

Tuvimos larga charla ese tarde y esa noche. Hablamos mucho y aclaramos mucho también. Hablamos como gente adulta y en forma serena. Luego..., nuestro amor fue desenfrenado.

Pasaron los días, los meses, los años y hoy la tengo más mía que nunca. Dios mío, como la amo. La quiero con ese amor que duele, pero me gusta.

Huelo nuevamente, las flores, el césped recién cortado, los árboles y su piel. Diferencio nuevamente los colores. Ya no sigo encerrado en mi soledad, no tengo más las rejas que no se ven y no me dejaban salir; ya no tengo más ese llanto que no cae por las mejillas y que duele en el alma.

Tengo nuevamente a mi compañera de esperanzas y desesperanzas, de buenos y malos momentos, de alegrías y tristezas. Alguien a quien amar, abrazar, acariciar, besar, a quien extrañar; con quien reír, con quien llorar, por quien estar de otra forma..., ella unida a mi vida.

Con ella todo me sobra y nada me falta. Estoy vivo sin soledad.

¿Soledad?, ¿donde estás?. Ya no pienso más en ti.

® 1999 Armando Maronese
J., 18 de febrero de 1999

Soledad

Ella es una mujer,
que en la vida fue herida
y que en su vida,
algo perdió.
.
Busca constantemente
pero su mirada,
se pierde tristemente
en la distancia.
.
Yo soy un hombre.
También en la vida fui herido
y en la vida algo perdí.
Perdí mi alegría y entré en soledad.
.
También busco,
constantemente,
pero en cambio mi mirada
se pierde en el vacío.
.
Un día nos encontramos y,
con el tiempo, nuestros ojos brillaron.
Ella quería y creaba esperanza
y yo tenía sed de ella. Su mirada, mi vida salvó.
.
Vi la frialdad,
la ternura y el amor,
bajo la ola cristalina y traslúcida
de sus ojos almendrados.
.
Comencé entonces a ver todo mas bello,
a tener esperanza,
a reencontrarme con la poesía,
con la música y con la vida.
.
Acariciar su cabello, color caoba, quería.
Si sonrío ella sonríe,
si soy dulce y tierno,
su voz se torna suave y melodiosa.
.
Pero tengo mis caídas y ella pierde su sonrisa.
Sé que de mi depende que su rostro sea distinto.
Ella quiere ver el mío sonriente,
oír las frases mas dulces esta noche.
.
Ella es hermosa y yo,
no puedo negarme el mirar su belleza.
Lo hermoso para mi no existía,
porque no la había conocido.
.
Pero un día, no hace mucho,
no se que dije o hice.
El tono de su voz cambió,
la sonrisa de su rostro desapareció.
.
Y yo comencé,
el lento regreso hacia la nada,
porque tras de mí latente estaba,
la tristeza, todavía.
.
Fue un empezar a revivir
en la terrible soledad,
porque simplemente ya no tenía,
su sonrisa y la dulzura de su voz.
.
Nunca se lo dije,
pero sigo teniendo sed de ella.
VIDA, si la ves algún día pasar,
bésala de mi parte.
.
Dile que la sigo esperando,
que mi sed no se calma,
y que mis ojos no ven los colores.
Cuéntale que aún la amo.
.
Armando Maronese
© Mi., 16 de abril de 1997

domingo 8 de abril de 2007

Te sueño


En mis sueños yo te siento,
te enamoro, te contemplo, te acaricio,
...me convierto en un sumiso.
son tus labios los que muerdo...

Son tus labios mi deseo.
A ellos beso con delirio,
con antojo,
con deseos de tenerlos...

Son tus senos mi locura,
mi tormento desmedido,
mi deseo de morderlos,
que me mata con pasiones...

De ellos lamo su dulzura,
y me pierdo en la ternura
de tus frases y gemidos,
de tus besos y caricias...

Son tus muslos abrazados
a mi espalda, que me atraen,
me reclaman
y me llenan de esperanza...

Y me pierdo en la lujuria
de tenerte, de comerte...
de fundirme con tu cuerpo
con el suave movimiento de caderas

De sudores que se mezclan,
con olores que perfuman
y se quedan impregnados,
en lo blanco de mi lecho...

En mis sueños yo te siento
tan real y tan adentro,
que en mi cuerpo quedan huellas
que descubro, cada vez cuando despierto.
.
.
(R) 1999, Armando Maronese

viernes 6 de abril de 2007

Lujuria

Cuando murmuras con nervioso acento,
tu cuerpo hermoso que a mi cuerpo toca,
y recojo en los besos de tu boca
las abrasadas ondas de tu aliento.
.
Cuando más que ceñir, romper intenso
una frase de amor que amor provoca,
y a mí te estrechas delirante y loca,
todo mi ser estremecido siento.
.
Ni gloria, ni poder, ni oro, ni fama,
quiero entonces, mujer. Tu eres mi vida,
ésta y la otra si hay otra; y sólo ansío
gozar tu cuerpo, que a gozar me llama,
¡ver tu carne a mi carne confundida
y oír tu beso respondiendo al mío!...
.
Miguel de Unamuno (1864-1936)

Hay besos

Hay besos que pronuncian por si solos,
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.
.
Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan solo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.
,
Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.
.
Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia
cuántas rosas en broche han deshojado.
.
Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.
.
Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingenuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.
.
Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica piadosa su agonía.
.
Desde entonces en los besos palpita
el amor, la traición y los dolores,
en las bocas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.
.
Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien, son besos míos
inventados por mí, para tu boca.
.
Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.
.
Te acuerdas del primero...? indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenáronse de lágrimas tus ojos.
.
Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios.
Te suspendí en mis brazos... vibró un beso,
y qué viste después...? Sangre en mis labios.
.
Yo te enseñé a besar: los besos frío
sson de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.
.
Gabriela Mistral (Poetisa chilena)

jueves 5 de abril de 2007

Ojos claros

En este momento parece que estoy un poco romántico, pero no es así; en este momento no; un poco caído, sí, ¿demasiado? No lo sé. Mucho trabajo y problemas quizás, ¿será así? Puede ser, no lo sé.
.
Mi corazón está agitado, demasiado. Hoy pensé en un Arco Iris y mi alma saltó. Saltó de alegría sin fin. ¿Una fecha especial? No lo sé, nada sé. Pero el Arco Iris no llegó.
.
Pensando, sonreí. Pensé en ella, aunque no la conozco, ¡ay de mi!. ¿Dolor quizás? Puede ser. ¿Cómo serán sus ojos?. Pienso lo que despiertan sus ojos y pienso y pienso...
.
¿Como han de ser tus ojos?. Mujer, no tendré un beso de niño para ti, ni de joven, ni de viejo, ni de amante.
.
Cuando pueda verte, algún día y vengas a mí, no besaré tus mejillas, ni tu frente ni tus labios. Pondré mi boca en los pliegues recogidos de tus párpados y beberé el agua clara, que suba a tus ojos claros.
.
Trae unos ojos claros, mujer, trae unos ojos claros; de un claro tranquilo y sereno, pues tengo sed. Sed de peregrino cansado, de muchas jornadas duras, por caminos solitarios y quiero llevar mis labios al agua clara y tranquila, de un remanso que refleje un cielo tranquilo y claro.
.
Pero todo fue un sueño, porque todavía no te conozco. Conozco, eso sí, tu alma, tu corazón, tu forma de pensar, tus miedos y tus deseos. ¿Traicionaré tu confianza en mí?. No, no lo haré. Solo besaré tus mejillas y tus párpados con un beso de amigo y algo sí quiero hacer, acariciar tu cabello ondulado y claro y mirar en lo profundo de tus ojos claros.
..
FIN
.
Bueno..., parece que he estado soñado despierto, pero ya se terminó mi sueño de los ojos claros, el cabello ondulado y claro y todas esas cosas que son hermosas, que a veces aparecen por mi mente clara, y esto me hizo recordar un poema mío que grandes halagos me ha dado y que quizás alguna vez haya sido leido; pero no importa eso, no importa que nadie lo haya leido. Yo, siento la necesidad de leerlo de nuevo .....
.
© 2004, Armando Maronese
V. 11.06.2004
.
J. 05 de abril de 2007

Versos sobre tu piel

Esta noche escribiré mi poema sobre tu piel;
esa piel que luces, sedosa y sensual.
Mis poemas serán de fuego y pasión
y desde ahora, mi pequeña, serán para ti.
.
Serás mi inspiración más hermosa,
pues tus labios y tus ojos me invitan a soñar.
Mi tierna y amorosa niña, eso eres para mi;.
tu mirada me atrapa y no me deja descansar.
.
Poeta de versos y caricias soy,
hermosa mezcla entre tú y yo.
Tomarte por la cintura quisiera
atraerte y besarte con pasión.
.
Que sea tu cuerpo el papel para escribir,
para volcar en él mi pasión desenfrenada.
Tuyo es mi sentir y desde ahora,
en mis versos te voy a describir.
.
Adormeces mi mente, mi pequeña,
y ya eres dueña de mi corazón.
Déjame descubrir tu cuerpo.
Deja que mis versos se posen sobre él.
.
Amor mío, deseo acariciar tu piel,
besar tus párpados y saborear tu beso
y, si tú quieres, podré armar nuestro lecho
y despertar junto a ti.
.
© 2003, Armando Maronese
V., 05 de diciembre de 2003
.
J, 05 de abril de 2007

Paseo por mi ciudad: Guanajuato.

Deseo platicar algo, que aunque en un principio, suena a relato personal, al final será compartir un poco de lo que la ciudad de Guanajuato brinda a los que la visitan y a los que en ella viven.

La ciudad de Guanajuato, es la capital del Estado con el mismo nombre. Es patrimonio de la humanidad y cede de innumerables Festivales y eventos artísticos, culturales, cine, etc. Tenemos el Festival Cervantino que es la máxima gloria de la ciudad.

Posee edificios históricos de gran belleza, plazas, jardines, callejones, túneles y su despliegue colorido de casas por las subidas de la sierra, es muy agradable.

Cuando camino por sus calles, tan llenas siempre de novedades culturales, un suspiro inevitablemente me sale del pecho.

El ambiente universitario, turístico, artístico es otro atractivo, y cautiva... Y yo, que soy muy apasionada de la vida, descubro que pequeñas cosas me despiertan los sentidos.

Caminando por un callejón angosto, comienza la experiencia sensorial: por la vista llegan los colores ocres y luminosos de las fachadas de las pequeñas casas, con balcones y ventanales de madera protegidos por la herrería hermosamente diseñada y trabajada por guanajuatenses. Estas ventanas, en su mayoría siempre están abiertas y los curiosos nos asomamos por ellas y vemos los grandes salones antiguos de las casonas de familias típicas de la ciudad.

Algunas muy afortunadas, lucen sus tapetes y sillones de terciopelo que hace años eran una elegancia, sin faltar el piano negro de cola y los retratos de patriarcas o personajes históricos, que cuelgan humedecidos por las paredes.

Pero los aromas llegan también a nuestra nariz, suben al cerebro y se depositan en el alma..., aromas a almuerzos o meriendas en dichas casas, o a los comercios, bares y cafeterías que se plantan sobre las banquetas de las calles y plazas..., aromas a café, pan recién horneado...

Y las flores ni se diga..., qué colorido a las afueras del mercado, que tan sólo su fachada es de belleza extrema, construido en el Porfiariato que parece más bien estación antigua de trenes que mercado de alimentos y artesanías. Y me topo con los alcatraces, mi flor favorita, tan frescos, tan firmes y bellos.

Oído, tacto..., estos vibran cuando se escuchan las campanas de los Templos, el vuelo de las palomas, o en la lejanía un grupo de mariachis tocando canciones a unos enamorados o a los turistas. Y en cuanto al tacto..., sentimos cuando traspasando los zapatos, las piedras y adoquines de las calles, nos hacen caminar cuidadosamente, y más que ciudad anclada en el pasado, pienso que sigue de esta forma para detenernos a observar cada espacio o rincón por el que pasamos. De esta forma, disfrutando el encuentro que tenemos con el pasado y el presente, descubro que en el mundo todavía existen sitios mágicos, llenos de esa fuerza para despertar los sentidos en el cuerpo y experimentar felicidad y vida.

Y es entonces cuando el libro del escritor mexicano Carlos Fuentes, "Las buenas conciencias", que marcó mi vida y sigue siendo mi favorito, me emociona porque está desarrollado en esta ciudad, y leerlo a medida que se conoce cada rincón que describe, es como ser parte de esa historia que un día, Fuentes plasmó majestuosamente en la narrativa de este libro.

Guanajuato es un pedazo de mi corazón, que quise compartir.

Teresita del Niño Jesús García Ahued
05 de abril de 2007

Rima LIII

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a tus cristales,
jugando llamarán.

Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha al contemplar,
aquellas, que aprendieron nuestros nombres,
esas... ¡no volverán!.

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde aún más hermosas,
sus flores se abrirán.

Pero aquellas cuajadas de rocío,
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer, como lágrimas del día...
esas... ¡no volverán!.

Volverán del amor en tus oídos,
las palabras ardientes a sonar.
Tu corazón de su profundo sueño,
tal vez despertará.

Pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido..., desengáñate,
¡así no te querrán!.

Gustavo Adolfo Bécquer (Rimas y Leyendas)

Rima XVI

Si al mecer las azules campanillas de tu balcón,
crees que suspirando pasa el viento murmurador,
sabe que, oculto entre las verdes hojas,
suspiro yo.

Si al resonar confuso a tus espaldas vago rumor,
crees que por tu nombre te ha llamado lejana voz,
sabe que, entre las sombras que te cercan,
te llamo yo.

Si te turba medroso en la alta noche tu corazón,
al sentir en tus labios un aliento abrasador,
sabe que, aunque invisible, al lado tuyo,
respiro yo.

Gustavo Adolfo Bécquer (Rimas y Leyendas)

Poema 20

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
.
Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»
.
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
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Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
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La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
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De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
.
Pablo Neruda