jueves, 24 de diciembre de 2009

Reflexión sobre la Navidad


Mucho se ha hablado de la Noche Buena y la Navidad. Mucho se ha hablado pero ya no es como antes. Recuerdo cuando niño lo que era la Noche Buena. Una cena sobria en una reunión íntima familiar. Luego, la Misa de Gallo a las doce de la noche. La Navidad era una fiesta de recogimiento y de alegría sobre su significado. Ya nada es igual y se la compara y festeja tal cual como el fin de año. Se ha perdido lo más valioso, lo más importante.
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Navidad, palabra que engloba alegría, reconciliación, paz, amor. Eso es la verdadera Navidad. Miro a mi alrededor y veo al mundo enloquecer por la preocupación de la Navidad, y pienso:

.¿Cuándo perdimos el verdadero sentido de lo que es la Navidad? ¿En qué momento nos desviamos de esa maravillosa energía?
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El mes de Diciembre siempre ha tenido la connotación amorosa, la representación del renacer del ser, inmutable y sereno, pero el individuo humano se ha dado a la tarea de hacer de este tiempo un tiempo de mercadeo, de peso, de conflicto, de tristeza, de dolor por no poder dar a los suyos una representación de su afecto.
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Realmente esto no es así. El amor se entrega a través de un abrazo, de un beso, de una caricia. Nosotros hemos etiquetado el amor en una joya, en un vestido, en un juguete... es por ello que la Navidad ha perdido su sentido. Se valora más lo material que lo espiritual.
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La unión familiar no se expresa de la manera adecuada. Estamos en unión pero no lo estamos. Nuestros niños tienen los juguetes, pero no tienen los padres que jueguen con ellos, porque están ocupados en sus conversaciones de adultos.
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Los niños se meten en sus mundos de juegos y sus padres en sus mundos de adultos y la familia va tomando una connotación, de tú en tu mundo y yo en el mío. Una separación, una división.
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Creemos mantener una vida perfecta y en el momento menos oportuno nos damos cuenta que ya no tenemos nada, que estamos caminando solos en la vía de la vida, que los demás se quedaron atrás o yo me quedé atrás. El egoísmo es el que marca el sendero.
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Todo esto es parte del deterioro del nosotros mismos. Vinimos a un mundo a crearlo en amor y, nos hemos perdido en una destrucción de valores.
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No existe el respeto de los espacios entre nosotros, la libertad se ha confundido y el niño se siente abandonado y recurre a algo que llene su tiempo.
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Levanta tu mirada al cielo y observa las nubes pasar con la brisa. Siente la brisa mover tus cabellos, observa el verdor de las montañas, el color de las flores, el aroma de la tierra mojada, el baile de los árboles con la brisa, la roca que a pesar que no se mueve, se hace sentir.
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Todo esto nos lo dieron para cuidarlo. Y nosotros ¿Qué estamos haciendo con ellos? Somos ciegos hasta que vemos que en el plan humano nada vale la pena hacer sino hace al hombre.
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¿Por qué construir ciudades gloriosas, si el hombre mismo sin construirse queda? En vano construimos el mundo, si el constructor no es construido. ¿De qué nos valen centros comerciales hermosos, si nuestros hijos están derrumbándose ante las drogas, el alcohol y los videos juegos? ¿De qué nos vale desarrollo si en nuestros corazones nos endurecemos y dejamos de percibir la belleza del amor y la unión familiar?
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Los grandes líderes son los que entienden. Que su responsabilidad número uno es con su propia disciplina y desarrollo personal.
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Si no te diriges a ti mismo no podrás dirigir a los demás. Nadie puede llevar a otros más allá de lo que se ha podido llevar a sí mismo. No trates de decirle a tu hijo que no consuma licor, si tú tienes varias copas en tu cuerpo. No trates de sacarlo de las drogas con un cigarrillo en tu boca. Da el ejemplo.
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Que en esta Navidad sea tu propósito el comenzar a construir una verdadera familia. Que el tiempo sea compartido entre tus responsabilidades laborales y la responsabilidad de tu hogar.
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Que tu vida deje de ser tan monótona y fría y se llene de paz y calor, a través del amor incondicional a los tuyos y a los que te rodean, como a tus verdaderos amigos.
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Es mi intención que en esta Navidad, todo aquel que necesite el amor le sea entregado a través de un abrazo y un beso. Que no se quede ningún niño sin el amor de sus padres.
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Reconcíliate contigo mismo, entrégate y sé como realmente eres: Esencia pura de amor divino.
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© 1992, Armando Maronese
Jueves, 24 de diciembre de 1992

sábado, 28 de noviembre de 2009

Creo en mí


Creo que el Cielo y la Luna son míos. Creo que el mar es mío. Creo en muchas cosas, pero no creo en la princesa divina. No creo que todos los momentos de la vida sean felices, ni que la alegría sea eterna.

Pero creo en mí, en mis ganas de lograrlo y en mi fuerza por mejorar y seguir creyendo que las situaciones sí pueden cambiarse, y conseguir términos medios en vez de llegar a los extremos…

Creo en mi alma de niño y en mi alma de hombre curtido por el tiempo y los sinsabores de la vida, y en las ilusiones y los sueños que perdí en el camino y volví a tener en la vida, sin importarme cuántas veces se vieron entorpecidos por tristes realidades…

Creo en luchar por lo que siento, con todas mis fuerzas, en defender mis sueños y en jugarme por la gente que quiero y amo, mientras sigo transitando en los vaivenes del tiempo.

Creo en el leer en los ojos de alguien que quiero, ver un sentimiento; creo en emocionarme aún con un gesto.

Creo que pueda haber alguien que también crea lo que sienta y lo que yo siento, que quiera lo que yo quiero, y que se anime a proponerme caminar por esta vida, juntos, sin miedos…

Creo en una mujer sensible, que no pierda la capacidad de asombro, de juego, de sueño…

Creo en una mujer que trate de demostrar lo que siente ante mí aunque le dé vergüenza; que no disfrace su afecto por mí con negligencia; que no se sienta asfixiada o atrapada por amarme, o mi mitad en vez de un entero, o quizás coartada en su libertad, porque la libertad es interna…

Creo en una mujer que no intelectualice su afecto por mí, que exprese lo que siente y trate de no herirme, al menos, conscientemente.

Creo en una mujer que si yo la llamo, le digo que la extraño o la amo, no se sienta acosada, porque el amor es espontáneo y no premeditado…

Creo en una mujer que pueda ver la belleza en una flor, que no pierda la pasión y que quiera luchar conmigo cuando lleguen los momentos de tensión o de dolor…

Creo en una mujer que me respete más allá de mis conceptos o ideales, que sea mi amiga, que pueda escucharme y entender mis tiempos. Creo en una mujer que no le tenga miedo al amor, al compromiso de estar juntos los dos…

No creo en la princesa divina. No creo en la perfección, y sé que muchas veces los finales no son felices, pero si tu crees en mí, yo creo en ti...
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© 1987, Armando Maronese

Viernes, 11 de septiembre de 1987

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Antes de morir, déjame ser tuyo.


La música le llegó flotando, envolviéndola desde una distancia imprecisa, suave, cadenciosa. Una guitarra y una voz. Nada más. El sonido cristalino de una guitarra y una voz bien atimbrada, cargada de matices, flujos y reflujos. Una combinación perfecta y casi absurda.
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Absurda allí, en mitad de ninguna parte.
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Se detuvo, buscó arriba y abajo, se orientó. El Rosedal se convertía de pronto en una suerte de anfiteatro cargado de ecos. Nadie, salvo ella, parecía darse cuenta de la música, una banda sonora que flotaba por encima de sus cabezas. La gente caminaba como todos los días y a lo largo de todas las horas, en la isla vegetal aislada de la gran ciudad. Parejas sosteniéndose el uno al otro como si fueran a caerse, incapaces ya de seguir solos por la senda de la vida; matrimonios jóvenes empujando cochecitos o jugando con sus hijos pequeños; parejas maduras dando el enésimo paseo de su historia bajo el silencio de la calma; parejas y no parejas de ancianos sentados en los bancos y las sillas, atentos al mejor de los programas posibles: la vida. Turistas de todos los colores...
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¿Cuánto hacía que no paseaba por El Rosedal? ¿Una eternidad? ¿Y cuánto hacía que no escuchaba una voz y una guitarra en la calle o en el subte? No tanto en realidad. Buscaba algo.
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Sabía que se escondían allí ¿Y qué? Voces y sonidos que apenas nadie escuchaba y menos ella. El mundo estaba lleno de sombras. Nunca paseaba, ni por El Rosedal ni por ninguna parte en realidad o escasas veces... Y nunca bajaba hasta las entrañas de la ciudad para tomar el subte.
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Nunca hasta ese momento.
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Por lo menos creía en el destino. Por eso venía a buscar algo que había escuchado y visto.
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Como Ulises frente al canto de las sirenas, aunque en este caso vencida por ellas, caminó atrapada y atraída por la canción, y se dio cuenta que ahí estaba lo que buscaba. Palermo... El Rosedal arriba, en dirección al paseo de los amantes.
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Escuchó una frase nítida:
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Antes de dormir, déjame que entre en ti.
Antes de despertar, déjame que entre en ti.
Antes de morir, déjame vivir en ti.
Déjame, déjame, déjame que lo intente hasta el fin.
Déjame ser tu amante esta noche.
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El músico estaba sentado en un ángulo de la glorieta, de cara a los paseantes y dando la espalda al lago. Inclinado sobre su guitarra, una preciosa Ovation acústica... no se le veía la cara. Vestía con la informalidad de todos los jóvenes, pero con cierto descuido y un dejo trasnochado. Camisa, vaqueros, el símbolo de la paz recuperado después de los años hippies; cabello ligeramente abundante y despeinado. Su corazón latió fuerte. Estaba. En lo primero que se fijó fue en sus manos. Dedos largos y finos. Manos de guitarrista. Tenía la funda de la guitarra abierta al frente y en ella, varias monedas.
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No se detuvo delante de él. Siguió caminando, aunque sin alejarse demasiado y mirando de reojo. Lo hizo a unos diez metros, distancia suficiente para escuchar y ver sin ser notada. La canción continuaba fluyendo con armónica presencia. Una canción que no conocía, podía jurarlo.
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Si de algo podía presumir, era de conocerlas todas. Así que se trataba de un tema inédito, original. Le capturó la fuerza de otras estrofas, otras frases que la hicieron temblar:
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Déjame ser tu amante esta noche.
Déjame ser tuyo el resto de tus días.
Me alimento de ternuras y esos besos,
que se rompen y nos lavan las heridas,
como imágenes de amor en los espejos.
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Déjame ser tu amante esta noche.
Y dormir en el silencio de esos gritos.
dejar en tus quebradas estas huellas,
para amarte con mis dedos ya marchitos,
y soñarte mientras tocas las estrellas.
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Déjame ser tu amante esta noche.
Como fuimos en mil vidas ya pasadas.
Geografía del amor que vivo y canto,
en tu cuerpo mil pasiones no gastadas.
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Al terminar la canción, larga, densa, llena de sólidas estrofas perfectamente engarzadas y después de repetir el estribillo, el músico levantó la cabeza y pudo verle el rostro. Casi sonrió tan externamente, como lo hizo internamente. Ella lo miró y le calculó entre veintidós y veinticuatro años. Era atractivo. Más que atractivo. Cualquier chica lo consideraría guapo. Nariz recta, labios sensuales, ojos limpios, expresión abierta...
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No era posible. Tanto y tan bueno... pero no podía... Lo volvió a encontrar, pero no podía...
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Continuó quieta, prescindiendo del mundo entero y más de la hora. Quieta y escuchando las nuevas canciones del músico callejero, todas inéditas, todas propias, todas originales. Quieta y absorbiendo las letras, los conceptos, las ideas. Quieta mientras el mundo danzaba a su alrededor sin darse cuenta de nada, porque ella y sólo ella podía en un momento como aquel, percibir la realidad:
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Que allí, a unos metros, tal vez estuviera naciendo su estrella.
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® 1999, Armando Maronese
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Miércoles, 03 de noviembre de 1999

viernes, 13 de noviembre de 2009

Tu secreto


¡De todo te olvidas! Anoche dejaste
aquí sobre el piano, que ya jamás tocas,
un poco de tu alma de muchacha enferma:
un libro, vedado, de tiernas memorias.
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Íntimas memorias. Yo lo abrí, al descuido,
y supe, sonriendo, tu pena más honda,
el dulce secreto que no diré a nadie:
a nadie interesa saber que me nombras.
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... Ven, llévate el libro, distraída llena
de luz y de ensueño. Romántica loca...
¡Dejar tus amores ahí, sobre el piano!
... De todo te olvidas ¡Cabeza de novia!
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Evaristo Carriego
(1883-1912)

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martes, 10 de noviembre de 2009

La luna y el amor











Yo no me oculto pues no es mi modo.
Como la luna que adorna la noche,
puedo estar tras las nubes un momento,
compartiendo con ellas codo a codo.
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Lo de luna menguante es una forma.
Una simple posición de nuestro mundo.
Ella sigue brillando eternamente
dándonos siempre su luz eterna.
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No me oculto ni me escondo de la luna,
ni de ti, ni de mí, ni de las estrellas.
Pobres son los que al amar,
puedan no ser subyugados por ella.
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No ama el que no deja huella.
El amor es entrega y renunciamiento.
Es comprender lo que dicen sus ojos
y al amar o eres de ella o no eres de ella.
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Noche en la noche, luz de luna,
el murmullo del mar muere en la arena,
la pasión en nuestros labios.
Amor ¿Oyes ese canto lejano?
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La noche está estrellada e insinuante
y la mágica luna brilla sobre nosotros.
Como el viento, acaricio tus labios
y tu mirada se cruza con la mía.
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La noche estrellada y la luna nos atrapa,
y florecen nuestros más hermosos sentimientos.
En el camino recorrido de la vida,
nunca se pierde cuando se está amando.
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La noche está estrellada y la luna nos observa,
mientras besamos nuestros labios entreabiertos.
El latir de nuestros corazones se acelera.
¡Ay! Quisiera gritar al mundo que te amo.
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Por mi corazón
y por un millón de razones más.
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© 2009, Armando Maronese
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martes, 20 de octubre de 2009

Esa mujer...


¿Podré subir
donde mi mente llega?
Me gusta la luna solitaria,
también la azulada tierra.
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En algún lugar lejano,
rocoso y de nombre olvidado,
vive una mujer
que convive con mis recuerdos.
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¿Podré llegar
donde no alcanzan mis manos?
Si está tan lejos y tan difuso,
será para no alcanzarlo.
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En la luna sonriente,
en la cara olvidada,
en la sombría soledad,
vive una mujer, sola y enamorada.
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¿Podré luchar
por lo que no consiguen mis armas?
Aunque aquí se está muy bien,
ella está sola y la amo.
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En la luna taciturna,
miembro de otrora tripulación,
vive una mujer
que no cree en mi amor.
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¿Podré olvidar
lo que quiere mi corazón?
Mi corazón no es malo
¿Me tiene que esperar algo mejor?
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Esa mujer enamorada
de un hombre con corazón.
¿Cómo haría ella
para olvidarlo sin más?
.....
Porque yo esté sola
no quiero comprensión.
Yo le quiero mucho, pero...
¿Él me quiere? A lo mejor…
.....
Perdona, mujer, mi tonta.
Yo soy el narrador.
Él te ama, y nunca
te dirá que no.
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Entonces ¿Qué es lo que
debo hacer? ¿Lo mejor te dices?
Lo mejor es el olvido.
Inténtalo y no sentirás amor.
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Es tan fácil para una mujer
llegar a olvidar,
y no sentir amor,
ni pensar en él.
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Pero si es eso lo que sientes,
eso y algo de rencor,
por haber abierto una vez el corazón,
si no puedo olvidarte ¿Qué haré yo?
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Solo la luna, las estrellas
y el enamorado narrador,
fueron partícipes de
la entrega de tu amor.
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Adiós luna,
adiós narrador.
Adiós mujer soñada.
Tonta. Adiós.
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© 2003, Armando Maronese
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10 de octubre de 2003

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miércoles, 8 de julio de 2009

El tiempo pasa...


El tiempo... ¡Ay amigo! ¡Cómo pasa el tiempo! Uno casi siempre se lamenta de eso, pero no tenemos en cuenta que lo que vale en realidad, es haber disfrutado plenamente de los pequeños momentos de la vida. Pues la vida se compone de momentos ¿No?
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Los años vividos no han dando la experiencia..., la experiencia que imponen los años. Lindo sería ser joven con experiencia. Sería bueno eso, pero no se da así. Uno ya, antes de dar un paso, sabe si algo saldrá mal o no, cosa que no les pasa a los jóvenes.
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Y si pensamos bien, uno debería nacer ya con ese sentido de la vida que le permita no equivocarse tan fácilmente. Muchas cosas andarían mejor..., el amor, los negocios, la educación de los hijos, etc.
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Y como muchas veces dice aquel viejo nostálgico y romántico, que suele navegar, le agrada pescar y pasar tiempo en el campo, junto a su querido caballo y además..., mirar a esas mujeres bonitas que Dios nos ha dado..., ¿Pues tu sabrás que la mujer es lo más hermoso que Dios a hecho en este mundo, no? Pues así es... y él suele decir...
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El tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos; ah! pero el amor lo reflejo como ayer, en cada conversación, en cada beso, en cada abrazo, y se impone siempre un pedazo de razón.
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Pasan los años y cómo cambia lo que yo siento, lo que ayer creía que era amor se va volviendo otro sentimiento. ¡Se vuelve amor!. Porque años atrás, tomar una mano, robar un beso, sin forzar un momento, formaban parte de una verdad.
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Ahora, vamos viviendo, viendo las horas que van muriendo, las mismas discusiones se van perdiendo entre las razones.
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Ellas a todo dicen que sí, yo a nada digo que no, para poder construir la tremenda armonía que pone en resonancia a los corazones.
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Porque el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos; ah! pero el amor lo reflejo como ayer, en cada conversación, en cada beso, en cada abrazo, y se impone siempre un pedazo de razón.
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El tiempo pasa y la vida se nos va. El tiempo pasa y nos da experiencia ¿No es así? Pero hay algo que no nos da, y es el poder dominar nuestros sentimientos y como yo no pertenezco a una sociedad machista, a veces..., lloro.
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Recuerdo... Que me acerqué con la curiosidad de los inocentes, tratando de disimular mi curiosidad. Como los distraídos que miran al azar y que, como por descuido, buscan encontrar un rostro entre la gente. Los recuerdos surgieron sin poder contenerlos. Las imágenes, difusas por el paso del tiempo, volvieron a mi mente como si hubieran ocurrido ayer. Quería equivocarme, pero al mismo tiempo deseaba que fuera realidad. Sentí un ardor intenso en el pecho mientras me daba cuenta que la volvía a ver..., después de tanto tiempo. La volvía a ver y mi sangre comenzó a bullir ardorosamente. Mi fuego nunca se extingue.
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Mi mirada se proyectó directamente hacia su mente, tratando de conmover sus pensamientos. Estaba sentada, esbelta, hermosa, a la mesa de la cafetería. Vestía elegantemente, como siempre, cuidando hasta los mínimos detalles. Con su singular delicadeza se dirigió al mozo para pedir un café.
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Mientras simulaba acomodar sus gafas, miró de reojo, como si hubiera sentido la intensidad ardorosa de mi mirada. Un gesto de asombro y de incredulidad se dibujó en su perfecto rostro. Sin darme cuenta, dirigí mi pasos hacia ella. Una suave sonrisa se dibujó en su rostro. Me ubiqué en la silla, sin preguntar, como los que no necesitan excusas para hacerlo. Nos miramos tratando de contener el tiempo y de decirnos tantas cosas en un instante.
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Tenía algo distinto. Me pareció que sus ojos no brillaban con la misma intensidad de antes. Intentó disimularlo, pero la descubrí por mi experiencia de viejo. Muchas veces imaginé este momento y las palabras que le diría..., sin embargo, no puedo componer las frases tantas veces ensayadas.
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- ¿Cómo estás? preguntaste, mientras me contemplabas. Suspiré profundamente tratando de armar una respuesta lógica, pero sincera, y sólo atine a decir:
- ¿Cuándo volviste...?
- Hace unos días, pero... estoy de paso- me dijo.
- Te ves muy bien..., quizás un poco triste.
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Se acomodó el cuello de la campera y con un tono de resignación musitó:
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- Es la vida..., que no perdona los errores - contestó.
- Muchas veces intenté saber de ti..
- ¿Por qué no viniste a mi encuentro? – dijo ella.
- No sabía si debía...
- Te necesité..., te extrañé – dijo mirándome fijamente a los ojos..
- Me pediste que no te siguiera. Muchas noches mis lágrimas humedecieron tu nombre. Me dejaste hecho trizas...
- Nunca dejé de amarte – Y volvió a mirarme.
- Nunca pude olvidarte.
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Nuestras manos no pudieron evitar encontrarse y con los dedos entrelazados, permanecimos intercambiando la sensaciones de tanto tiempo perdido.
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- ¿Por qué te fuiste así? – me dijo.
- Te amé con tantas fuerzas que tuve miedo..., miedo de asfixiarte, de anularte.
- Me privaste del derecho de elegir. Lo hubiéramos intentado - contestó. Quise encontrarte en otras miradas, en otras caricias, en otros besos. Un día supe..., que nunca sería igual.
- Y ahora, ¿aprendiste a querer sin comparar? – le respondí.
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Hurgó en su cartera y sacó un pañuelo, mientras su rostro se compungía. Una nube de dolor cubrió su mirada y con el tono muy bajo, dijo:
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- No puedo quererlo como él se lo merece. Me cuida, me protege y me da toda lo mejor de su sentimientos..., pero no sé cómo corresponderlo.
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Las lágrimas brotaron de sus lánguidos y tristes ojos, pero muy hermosos.
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- Me enteré por accidente que sus negocios no andan muy bien. Y no me lo dijo.
- Cada día se esfuerza por..., ser mejor. No sé qué hacer, estoy muy confundida.
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La tomé de las manos y como aquel que sólo puede comprender, le dije:
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- Haz el esfuerzo de amarlo, tratando de que, por lo menos, ambos sean felices.
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Miró disimuladamente su reloj, y lentamente se incorporó..
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- Debo partir...
- Donde estés, te recordare.
- Voy a necesitarte...
- Invoca mi nombre y estaré contigo.
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La vi partir, otra vez, pero sentí que ya no la volvería a encontrar. Los sonidos de la ciudad me envolvieron hasta que desapareció entre la gente.
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- ¡Abuelito, abuelito...! Ya volví..., me interrumpió una vocecita de ocho años, que corría agitado hacia mí.

- ¿Estás llorando?, me preguntó sorprendido. Cuando murió la mamá de mi amiguito me dijiste que algunas personas no pueden llorar.
- Me equivoqué, querido mío... ¡me equivoqué!
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Amigo..., el tiempo pasa.


© 2009, Armando Maronese
L. 12 de marzo de 2007
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martes, 7 de julio de 2009

Lágrimas de amor



Nunca hagas florecer una sonrisa diciendo "Te Amo", para después hacer rodar una lágrima diciendo: "Olvídame".

Simplemente porque eso no se hace y además, porque el amor es más bonito que una ilusión y por tu mejilla podría rodar una lágrima idéntica a la de alguien que ya lloró por ti.

Recuerda que la verdadera lágrima no es la que cae de los ojos y resbala por la cara, sino la que duele en el corazón y resbala por el alma; y esas lágrimas no necesitarán ser recordadas porque de ellas uno nunca se olvidará.

Recordar es fácil para quién tiene memoria. Olvidar es difícil para quién tiene corazón. Quien sabe amar, jamás hace sufrir.

Algunas personas vienen a nuestras vidas y rápidamente se van. Algunas personas se convierten en amigos y permanecen por un tiempo, dejando huellas hermosas en nuestros corazones y por ellas nunca volvemos a ser igual, porque hemos tenido al lado nuestro otro corazón que vibró junto al nuestro.

Ayer es historia... Mañana es un misterio... Hoy es un regalo... Es por ello que es llamado... El Presente. Creo que esta vida es especial, por eso hay que respetarla.

Te sientes solo, sola?. Mira a tu alrededor y encontrarás mucha gente esperando tu sonrisa para acercarse más a ti. Asunto sellado con el corazón.

Somos amigos o no? Una vez me lo dijiste, pero se me olvidó. Así que dímelo otra vez pero con la verdad, de modo que yo pueda decir: Acá estoy para ti.

De todos los amigos que he llegado a conocer, tu eres a quién no olvidaré y si muero antes que tú, iré al cielo y allí te esperaré.


Armando Maronese
06 de julio de 2009
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sábado, 27 de junio de 2009

Amarte por siempre


Pues sí, era yo quien te estaba observando mientras, sentada en el borde de tu cama, pasabas la crema en tus pies. Sólo te diste cuenta cuanto levantaste los ojos y los clavaste en los míos. Esos, tus ojos, de mirada dulce, muy dulce pero abrasadora. Y mientras miraba tu hermosura pensaba cuanto me hubiera gustado ser yo quien te pasara la crema. Y tu te diste cuenta y sutilmente, tus ojos me invitaron a hacerlo. Lo hice y noté tu estremecimiento, el cual hice mío. Y eso siempre lo haré aunque a veces no te des cuenta de ello, aunque te quieras alejar, pues de una forma u otra siempre estaré en ti, en tus pensamientos, en tu quehacer diario, en tus momentos de relax o de trabajo, en tus momentos de esparcimiento junto a tus amigos. Y entre ellos, sin que nadie se de cuenta, me verás.
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Me provoca tu mirada, tu ternura, tu forma de ser, el sonido de tu voz... tu interior. Tus sentimientos son nobles, tiernos, sublimes.
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Pero noto con tristeza que te vas, que quieres apartarme de tu mente. Quizás me ames como yo lo hago, no lo sé, aunque aparentas sólo quererme pero deseas inconscientemente que me acerque. Cuando estoy me apartas todo lo que puedes, pero cuando me aparto te inquietas.
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A veces, cuando te alejas, divago por esos caminos que tiene la vida, quienes me encierran y me atrapan. Entonces miro al cielo y el gris plomo de tu ausencia está conmigo. La tristeza me embarga cuando tu no estás y el llanto silencioso me acompaña, aunque en lo mas profundo de mi ser sé que regresarás.
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Pensándote, te he pintado de mil maneras diferentes. Te he pintado en todas las estaciones del año. Vaya donde vaya, al campo, al mar, caminando sin rumbo fijo, siempre estás, reflejando tu espíritu de vida como reflejaste en mi interior la semilla del amor que brotó un día, y que fue creciendo cada día más hasta volverte indispensable.
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Ha llegado el invierno amor y todo se viste de gris, pero el sol y el calor de tu belleza lo plasmo en mi mente constantemente y eso hace que el frío en mi interior no sea tanto. Mis manos no se cansan por sostener tus tiempos en mi mente y en mi corazón.
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Rugen las olas del mar. Está bravo y me acongojo. Entre ellas y la niebla creo ver tus ojos y los míos brillan con la esperanza. Las gaviotas se oyen a lo lejos, que murmuran celos. A lo lejos se escuchan ¿Las oyes?
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Cuando llegue a puerto seguro encenderé los leños... esos, que pusiste antes de irte dejando en ellos la esperanza. Quiero calentar el frío que ha quedado con tu ausencia. Descanso junto al fuego y dentro de mi corazón siento que el invierno no será mi frío, pues tu amor será al fin mi refugio que tanto deseo y entonces, pintaré tus manos con las que me acaricias, y pintaré tu amor hasta el desvelo.
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¿Mi vida? No conocía el significado de esa palabra hasta que te adentraste en ella. Ahora estoy desorientado, porque me hiciste conocerla en profundidad pero sin ti estoy solo ¿Y sabes? Tengo celos del viento que acaricia tus cabellos, tengo celos de otros ojos que te miran, del agua que riega tus labios, acaricia tus hombros y tus senos. De la noche que abriga tu ser. De tus sueños, del sol que abraza tu cuerpo. De tus ansias de amor. De las estrellas que te miran, sin querer ¿Recuerdas nuestras estrellas?
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Mis sentimientos son más grandes que un te quiero, mucho más... ya pasaron de un te quiero... ya pasaron al amor ¿Y por qué? Porque tienes un interior demasiado bello, sensible, delicado, sano y me lo has abierto a mí muchas veces. Pero además de tu interior, eres hermosa para mí... tus ojos, tu mirada, tu boca, el sonido de tu voz, la manera de acariciar mis manos. Y yo hago de todo esto un conjunto armonioso... porque estás compuesta como todos, de tu interior y de tu exterior. Pero tu interior es mucho más importante para mí, porque es lo que te hace mujer y mujer te quiero. Yo sé que lo tuyo no es amor pero no importa... yo te seguiré esperando hasta mi muerte. Te amo demasiado y nadie, pero nadie, podrá prohibirme amarte como lo siento.


2009, Armando Maronese
S, 27-06-2009



viernes, 22 de mayo de 2009

El motivo y el por qué


Querer es un sentimiento del alma, estoy de acuerdo y eso nos une a otro ser. Pero amar es diferente al querer. Claro que no condiciono el amor por un para qué.

Pero eso sí. Cuando uno quiere es por algo y siempre hay un porqué. No un para qué. Sí hay un porqué y también un motivo.

No hablemos de amar... simplemente de querer. El motivo: Cuando quiero a alguien es porque lo siento y si lo siento es porque ese alguien me quiere, o me abre su alma o corazón. O simplemente tenemos afinidad. El por qué: Es porque mi corazón así lo siente. Simplemente. Hay un porqué y un motivo.

Yo tampoco condiciono mi amor a un para qué, pero sí a un por qué y a un motivo. En mi vida muchas veces lo he explicado. No es tan fácil como el decir: te quiero y punto. Si uno quiere, es porque nace un sentimiento por algo y ese algo es grande. Tan grande que a veces puede hacer perder la cabeza.

Yo no creo en las personas duras a las cuales les rebotan todas las balas en su coraza. No. Si así fueran no tendrían corazón... no tendrían esas fibras que vibran. Y que hermoso es cuando vibran. Que uno se quiera hacer pasar por una de esas personas duras es otra cosa o que haga esfuerzos para serlo. Pero que feo que es.

Diferente es cuando uno quiere a otro, pero de pronto aparece otra persona en su vida y ya no sabe que hacer con la que quería primero. La quiere sí, pero en una escala de valores un poco menor, pero eso no significa que la deje de querer. La superación de alguien por otro es algo que sucede muy a menudo en la vida. A veces la transición es simple, pero otras veces causa dolor.

Pero aunque hay transiciones simples y también dolorosas, estas últimas son las más frecuentes. Pero ello no quita que la persona que ha sido relegada en un peldaño en la escala de valores, deje en el otro corazón cosas hermosas que resultan indelebles, quizás de por vida. Aún con el paso del tiempo perdurarán y en cualquier momento aflorarán. Puede ser viendo una flor, leyendo cierto poema, mirando el mar o pasando por el campo o el olor a hierba recién cortada. Puede ser también por un simple pensamiento, que hará aflorar cosas hermosas vividas. Como el recordar unos ojos, una boca, unas manos, una voz o una risa.

La vida tiene esas cosas. Muy pocas cosas son fijas y ello es una verdadera pena, por lo menos para mí, claro. Todo depende de la forma como se piense, como se ame o la presencia de otras personas que pueden aparecer así como así en la vida de cada uno.

Pero así se dan las cosas. Unos sonríen, gozan, son felices, mientras a otros se les dio vuelta el mundo y ya no sonríen, ni gozan y pasan a ser infelices y a sufrir.

Yo siempre dije que la persona que ama, siempre sufrirá en algún momento determinado de su vida. Los momentos que tiene la vida son muy cambiantes, ya que están expuestos a muchas cosas.

Pero caramba, ya me puse a divagar como un verdadero idealista. Pero releyendo lo que escribí en las hojas viejas de este cuaderno, veo que me sirve para un artículo y seguro que lo publicaré uno de estos días. Total, no he cambiado opiniones sobre el mismo y todo nació de mi mente soñadora. La perpetua mente soñadora de mi ser. Sé... estoy casi seguro, que aún en los últimos momentos de mi vida, estaré diciendo algo que nacerá en mi mente y seguramente será algo sobre el amor. Así soy yo. Así nací y así moriré. En esta vejez que ya tengo, nadie me va a cambiar y nadie lo hará porque el amor es así, grande, hermoso, luminoso. Por el amor nacemos, por el amor vivimos y aún por el amor morimos.

Lo que sí puedo decir, es que a medida que pasan los años y uno se va adentrando en esa etapa de la vida en la cual ya no le sirve a nadie para amarlo, esa etapa justamente hasta su ocaso, es donde el hombre más comprende al amor. Más lo siente y lo valora, mucho más que un joven ¿El motivo? Es simple. Ama al amor y lo comprende y esto sucede porque lo analiza y por fin se da cuenta -cuando ya es tarde-, que el amor es lo más valioso que una persona pueda tener en su vida. Unos se dan cuenta en esta etapa de su vida, pero yo tuve la suerte de comprenderlo bastante tiempo antes. Quizás haya sido porque he escrito sobre el amor, porque así lo he sentido. Uno no puede escribir sobre el amor sin comprenderlo y yo escribí durante toda mi vida. Tuve mucha suerte y agradezco a Dios por ello.

Gracias Dios mío por haberme dado la facilidad de escribir poemas, de sentirlos en el fondo de mi corazón. Y hablando de poemas, una querida amiga me hizo resaltar y recordar una frase mía de una prosa que dice: el poema más hermoso no tiene voz ni forma. Es el que cada uno siente en el fondo de su alma, pero el poema más hermoso es el que sabe llegar al alma."

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© 2009, Armando Maronese
Jueves, 21 de mayo de 2009

martes, 31 de marzo de 2009

La mujer y los poemas


La mujer... ese ser misterioso y maravilloso. Nadie ni nada le gana a esa bella, armoniosa y misteriosa composición.

Por cada hombre, le corresponde una mujer, y por cada una de ella existe una hermosa prosa viviente. Por cada prosa, un verso. Por cada verso, un suspiro y por cada suspiro, un hombre enamorado.

Pero ¿Cuál es el mejor poema para ella? No hay ninguno específico pero, sin dudas, es aquel que brota del corazón y acaricia la boca al recitarlo y hace volar los sentidos al pensarlo.

Es la respiración del ser amado, el canto de un pájaro, el sonido del romper de una ola en un mar calmo, el silencio del campo.

El poema más hermoso no tiene voz ni forma. Es el que cada uno siente en el fondo de su alma, pero el poema más hermoso es el que sabe llegar al alma.

© 2008, Armando Maronese
Lunes, 03 de marzo de 2008
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lunes, 30 de marzo de 2009

Cuerpo y alma de mujer


Desnudar a una mujer, es un nido de emociones que no se verá a través de su piel, ya que es una geografía que se admirará sin llegar a su esencia, si ella no lo quiere.

Si se quiere desnudar a una mujer, nunca se logrará. Se hará sí, con su vestimenta, pero nada más. Se verá su cuerpo, se verá su hermosa piel, se verá su sexo, pero no más de ahí.

Por eso desnudar una mujer, no alcanza para descubrir su mundo secreto y lo más probable, por no decir lo más seguro, es que sus ojos cuenten mucho más de lo que se quiere saber. Cuando sus ojos miran fijamente, dicen muchas cosas y como seguramente uno mirará su cuerpo, ni cuenta se dará lo que sus ojos están diciendo.

Ella sabe que para llegar a su alma, se deberá mirar con mucha más paciencia, pues aun desnuda, estará vestida de pleno misterio. El fuego de su interior, sólo se conocerá mirando su corazón a través de sus ojos, y aún sin ropas, no nos pertenecerá.

Al desnudar a una mujer, nunca se logrará quitarle su mejor prenda…el pudor. Miraremos su cuerpo esbelto, hermoso... su piel, pero debemos aprender que no existe seda que supere su piel, ni tela que pueda esconder su encanto.

Si supiéramos lo que significa desnudar a una mujer... Desnudar a una mujer, es como quitarle los pétalos a una flor. Es llegar hasta la puerta de los sentidos y caer de rodillas ante el altar sagrado de su fuente de vida.

Pero nunca debemos dejar de recordar… que aún sigue sin pertenecernos. No es de esa forma como conoceremos su cielo. Tal vez conozcamos algo del nuestro, pero no el de ella. Con ella puede el artista, olvidar por completo lo que es una línea recta y naufragar en un mar ondulado de luces y sombras.

Si esa mujer nos mira profundo, no es que quiera hacernos un regalo a nuestros ojos. Lo que quiere hacer, y de eso se trata, es un regalo para nuestra alma. Sin lujuria, sin morbosidad, ni dobles mensajes. Cuando ella lo quiera nos dará lo que queremos, pero nunca su pleno interior, pues esa mujer es el misterio más grande de este mundo.

Es miel, es rocío, es frutas, es aromas y sabores. Es la mejor obra de arte de Dios en este mundo y llevada a la pintura, a la fotografía y a la escultura. Es lo que mueve al mundo y nuestra inspiración nace de ella.

Además, la mujer piensa con el corazón, actúa por la emoción y vence por el amor. Que tiene emociones y transmite cada una de ellas con una sola mirada.

¿Quién entiende a la mujer? Esa es la pregunta más repetida por los hombres y a la cual muy pocos tienen acceso... a la verdadera respuesta. Un ser superficialmente frágil, pero con un misterio infranqueable por dentro. ¿Qué esconden ellas detrás del rubí y del delineador?

Nunca nos debemos preguntar quien entiende a la mujer. Sólo podremos entender de ella lo que nos transmitan sus ojos. La mentalidad de la mujer es infinitamente impredecible e inentendible.

Toda una corriente machista se evapora con esa pregunta. Quizás en la mesa del bar, aún quedará solito ese muchacho que no se cansa de repetir una y otra vez que ellas no ocultan nada y que son fáciles para todo aquel que sabe comprenderlas. Lo cierto es que siendo la mujer tan bella, el hecho de que sea impredecible, la hace más hermosa aún.

Es el misterio de ser mujer. La mujer tiene la misma dignidad del hombre, más tiene características específicas que hacen de la mujer, mujer.

En lo general la mujer es bondadosa, perseverante, con deseos de ser sostenida y acompañada, con deseos de seguridad y de evitar riesgos; su máximo es amar y sentirse amada.

En lo físico, la mujer está hecha para conservar la vida, recogerla, hacerla germinar, florecerla, perfeccionarla. Posee instinto maternal y cuidado directo de los hijos, mayor sensibilidad a estímulos afectivos, voz de timbre agudo, complexión fina.

En el ámbito sensitivo, la mujer es afectuosa con deseo de ser cortejada, capta lo particular, los detalles, lo pequeño, lo próximo.

En el ámbito cognoscitivo, la mujer predomina la captación por los sentidos, la intuición, tiende a lo subjetivo y personal, fija su atención en lo concreto, su pensamiento es profundo, vive de experiencias.

En el ámbito de la voluntad, la mujer es movida por la compasión y la misericordia. Se le convence llegándole al corazón, vive por algo, se enfrenta con gran resistencia al sufrimiento.

En el ámbito religioso, la mujer siente más a Dios, ora con el corazón, es piadosa.

En el aspecto moral, es suave, tierna, apegada a sus principios, atenta, dócil, compasiva.

Esto predomina en la mujer por ser mujer. Ella cultiva y hace florecer, lo que se encuentra en lo más íntimo de la belleza de aquella criatura capaz de dar la vida.

Debemos recordar por todos los días de nuestras vidas. Ser mujer es algo bello, sorprendente, complicado y confuso. Y es bello porque es como un poema que sólo puede leerse con el corazón. Es sorprendente, complicado y confuso porque las mujeres fueron hechas para ser amadas más que para ser comprendidas, pero si queremos comprenderlas: las deberemos amar.

Existe entre la mujer y el hombre una diferencia muy grande. La mujer es otro mundo del mundo del varón. Éste no la puede comprender diáfanamente. Ella es algo vaporoso, delicado, una ilusión, un sueño.

La mujer no es inferior al hombre. La mujer no es superior al hombre. La mujer es igual en todo al hombre. ¿Qué es la mujer? Simplemente, es distinta al hombre.

La mujer ha de ser eso. Mujer, y ha de cumplir su destino femenino en la sociedad, en la humanidad y en el universo.

El ser mujer es un misterio por excelencia, por eso la mujer es un enigma para el hombre.

El hombre en su expresión general, es la más elevada de las criaturas. La mujer, el más sublime de los ideales. La Mujer es Tesoro incomparable, porque su estima sobrepasa largamente al de las piedras preciosas.

El corazón de un hombre está en ella confiado y no carecerá de ganancia. Le da ella bien y no mal todos los días de su vida. Busca lana y lino y con voluntad trabaja con sus manos. Es como nave de mercader que trae su pan de lejos.

Considera la heredad y la compra y planta viña del fruto de sus manos. Ciñe de fuerza su espalda y refuerza sus brazos. Ve que van bien sus negocios, pero su lámpara no se apaga de noche. Aplica su mano al huso y sus manos a la rueca.

Dios hizo para el hombre un trono; para la mujer un altar. El trono exalta, el altar santifica.

El hombre es cerebro; la mujer, corazón. El cerebro fabrica luz, el corazón produce amor. La luz fecunda, el amor resucita. El hombre es genio, la mujer ángel. El genio es inmensurable, el ángel es indefinible. Se completa lo infinito, se admira lo inefable.

La aspiración del hombre es la suprema gloria; la aspiración de la mujer es la virtud extrema. La gloria hace lo grande, la virtud hace lo divino. El hombre tiene la supremacía; la mujer la preferencia. La supremacía significa la fuerza, la preferencia representa el derecho.

El hombre es fuerte por la razón; la mujer es invencible por las lágrimas. La razón convence, las lágrimas conmueven. El hombre es un código; la mujer, un evangelio. El código corrige, el evangelio perfecciona.

Feliz del hombre que tan solo por un día, sepa entender el alma de la mujer.
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© 1992, Armando Maronese

jueves, 5 de marzo de 2009

Se nos va el amor


Las horas que pasan tan crueles me asustan.
Tu ausencia se ahonda más y más,
y siento que el alma se muere de frío,
pues falta el cariño que ya no tendrá.
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Tal vez sea cierto que cuando dos seres
se encuentran queriendo buscar el amor,
es el sufrimiento que marca sus pasos,
y la incertidumbre se vuelve temor.
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Recuerdo otros días que fueron felices,
cuando las palabras gritaban pasión,
hoy sólo nos queda retazos de tiempo,
y en nuestro recuerdo este gran amor.
.
Quizás sea posible volver al comienzo,
restaurar la dicha en el corazón,
y será la gloria creer que es posible,
sentir nuevamente aquella ilusión.

. Ana Maria Bianchi
( 2007)
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domingo, 8 de febrero de 2009

Mi vida en gris


Llueve en la ciudad y estoy tan triste,
que los grises se mezclan con mi alma.
Cada gota que cae me recuerda
el sabor amargo de las lágrimas.

Camino sin sentido por las calles,
sólo escucho una voz en mis oídos.
Que lástima, que muerde mis entrañas,
porque dice que ya todo esta perdido

El murmullo de la gente ya no escucho,
ni el chasquido de baldosas a mi paso,
sólo siento un gran frío que se cuela,
no hay abrigo que pueda soportarlo

Sólo oigo un latir enloquecido
de un corazón que ruge desangrado.
Se deshace en cada golpe, ya se muere,
mas no deja de sentir lo que ha pasado...
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Ana María Bianchi
(Septiembre de 2007)



Mi amor por ti


Amarte con mi piel y con mi sangre,
amarte con la esencia de mi ser.
Sentir que todo puede revelarse,
bebiendo tu ternura con placer.

Tu alma está puesta en tu mirada,
delicia de mis horas de candor,
envuelta en torbellino de palabras,
me dejo deslizar hacia tu amor.

La aurora trae colores de nostalgias,
la noche sus matices de pasión,
en este colorido me abandono,
queriendo presentir tu corazón.
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Quizás amor, yo nunca te lo diga,
tal vez mañana tu no lo sabrás,
Más quedará fundido en tu existencia,
y esta historia de amor no morirá

Ana María Bianchi (Abril de 2005)

Amor negado

Camino, camino. Miro y no veo. Pudo ser mucho y fue tan poco. Es tan triste y es tan grande, pero a la vez tan pequeño.

Es tan hermosa. Ella... esa hermosa mujer que me desvive. Mi corazón vibra enloquecido cuando la veo. Tiene esos ojos color miel que me atrapan cuando me miran fijo, como ese torbellino en el mar. Pero ya no se fija en mí y me encuentro solo.

Ese amor que al final no se dio. Ese dolor que no se puede controlar... ¡como arde dentro de mí..! como duele. La ilusión se aviva y me consume lentamente. Me quema. Me hiere.

Estoy encerrado en mi soledad. La soledad es esa reja que no se ve y no me deja salir. La soledad es ese llanto que no cae por las mejillas pero duele en el alma. Hay lágrimas de tristeza y de alegría, pero no de soledad.

Ella es mi vida, ella es mi todo, pero se niega y me cierra la puerta aunque secretamente me ama. Tiene miedo. Miedo al dolor pues ha sufrido ya en épocas pasadas. Entonces, se encierra en sí misma con una capa protectora. Pero a veces me da amor, se entrega a mí y cuando lo hace, es pura ternura y pasión. Pero no deja estable su actitud y por ello no contagia su ilusión, ni su amor. Se guarda el dolor que la niega como dulzura. Su esperanza se desvanece y la sonrisa se escapa de su hermoso rostro.

Ella sabe que ese amor que no entrega en forma permanente, lleva su rostro y el mío. Tiene su voz y la mía. Tiene sus labios y los míos. Tiene sus caricias y las mías. Me falta la compañera de esperanzas y desesperanzas, de buenos y malos momentos, de alegrías y tristezas. Alguien a quien amar, abrazar, acariciar, besar, a quien extrañar, con quien reír, con quien llorar, por quien estar de otra forma..., ella unida a mi vida.

Aunque deseo tenerla entre mis brazos yo no necesito verla en presencia para amarla, pues la llevo en mi alma y muy dentro de mi corazón. Pero la veo en mi mente y escucho su suave, grave y dulce voz.

A veces, es triste y callada. A veces es risas y palabras. A veces es puro amor y pasión. Recuerdo su carita apoyada sobre mi hombro; sus ojos cerrados; su corazón latiendo acelerado.

Me tiene por entero y ella lo sabe. Porque la noche no tiene luna si ella no es la luna. Porque la tengo lejos y no es mía. Porque la llevo siempre aunque no esté conmigo. Porque la pienso sin que me piense.

El tiempo pasa y digo permanente su nombre en voz muy queda. También en silencio, para que nadie me escuche, para que nadie me la robe. Pero aunque no la tenga conmigo y esté lejos y el tiempo pase y yo diga su nombre, aunque ella no me escuche y no lo sepa, aunque no lo quiera... así la amo. No tengo nada de ella para apretar contra mi pecho en mis momentos de angustia y, entonces, en voz baja la nombro; mi voz sale entrecortada por el llanto silencioso.

Y yo la pienso y le digo: No te vayas ahora por favor, no me dejes así, sin empezar. No me dejes con todas estas frases y todos estos besos que son sólo para ti. No me dejes ahora en medio de este frío y de esta lluvia, en medio de esta calma y de esta noche; al menos permite que te hable de mi amor. Al menos escúchame y no me des la espalda y un adiós. No me dejes solo en la batalla pues quizás ésta sea la guerra para ganar. Escucha mi voz y deja que mis manos se expliquen mejor, en medio de esta noche y de este amor. No te vayas ahora. Ahora no.

Sin ella nada no tengo nada. Quizás, algún día, ella quiera que mi corazón, despierte para recibir su amor. Quizás, algún día, ella quiera tenderme su mano, dispuesta a compartir. Quizás algún día quiera que mis ojos vuelvan a admirar su belleza. Si ello sucediera, le abriría las rojas puertas de mi herida, para que penetre en lo más profundo de mi ser; que perciba la luz de mi alma y la fuerza de mi corazón destruyendo al dolor.

Donde hubo fuego sábanas gastadas quedan. Donde hubo amor sólo dolor. De no tenerla queda, y en medio de este tiempo, tiempo de no tenerla. Tiempo de soledad sin estar solo; tiempo de risas sin alegría. Y en medio de todo esto, sólo escucho su suave voz.

¿Y qué haría ella sin mis dudas, sin mis enfados y mis manos? Sin preguntas, sin respuestas. Sin respuesta a sus preguntas. ¿Y que haría sin mi voz, sin mi roce en su cabello, sin mi risa de sus bromas, sin mi forma de mirarla?

¿Y qué haría yo? Repartido entre las sombras. Descansando entre mis penas. Robándole palabras. Acechándola en el día. Transpirándola en la noche. Pintando de colores su luna y recorriendo sus volcanes.

¿Y como podría vivir de otra manera? Sin tenerla aquí bajo un cielo gris o luminoso. Sin poner rubor en sus mejillas. Sin que me tenga y sin tenerla mía. Y mojarnos juntos y querernos juntos. Sin verla alejarse y sin preocuparme. Y verla de cerca y querer besarla. Y verla bailar y al final del día poderla cobijar.

Este hoy con toda mi soledad, sin alegrías, con muchos pesares, es mi vida, es lo único que tengo. Pero no puedo conformarme con eso. Necesito que ella venga a mí; lo necesito como el aire que respiro, pues sin ella es ir muriendo poco a poco. Distingo el olor de las flores, de las cosas, el olor del mar y... el olor de su piel que conservo como un tesoro, cada vez que la recuerdo.

Y pasan los días y pasan las noches y yo sigo aquí pensando en sus ojos; esperando que llame y oír su risa, esperando un momento para darle un beso, queriendo abrazarla y decirle cuanto la amo...

Y hoy la veo tan lejos y la siento fría, y quisiera llevarla lejos de esta brisa, lejos de sus sueños, y poder llenarla de mil alegrías y sentirla cerca y tenerla mía...

Y pasan las noches y pasan los días, y se van los soles y se van las lluvias, y el Tiempo no para y es solo un pretexto para recordarle que hoy también... la amo.

Aunque amo los colores, hoy para mí todo es gris, salvo cuando pienso en sus ojos color miel. Amo sus ojos, la amo a ella entera. Amo su boca pequeña y quiero besarla; amo su piel y quiero olerla y besarla. Quiero lamerla. Mi beso es una sed loca que no la sacia el beber; sólo lo haría su boca si tuviera la misma sed... La siento tan cerca pero no la veo.

Extraño su boca, su lengua, sus ojos amorosos, su desesperación y pienso que los instantes perdidos son irrecuperables. La vida puede y deber ser vivida con lo que se nos presenta ahora, en el presente. Puede ser serena, puede ser competitiva, puede ser alegre, puede ser triste, pero siempre los momentos presentes son irrecuperables.

Si ella me amara, me devolvería la vida. Me devolvería la dicha de ver, de contemplar. Podríamos ver juntos el mar, las estrellas, la luna, el sol, las flores, la vida. Para amar vivimos y sin amor la vida no existe. Sólo quien ama vive. Si me ama, sabré que todo aquello que florezca en mí llevará su marca para siempre.

Y si decide no amarme, entonces seguiré encerrado en mi soledad; pero sabré sin que me dé cuenta, que en mi interior habrá claridad; mi boca estará sellada pero el deseo de besarla se encontrará latente; mi corazón estará frío pero sé que seguirán mis latidos para amarla.

Recuerdo un escrito de Rabindranath Tagore, poeta indio, que dice:
"Si de noche lloras porque se ha ido el sol, tampoco podrás ver las estrellas".

A veces, se hace demasiado difícil poder ver las estrellas. El ser humano, eternamente insatisfecho, padece cuando no tiene nada y también padece cuando tiene demasiado. ¿Es bueno dar demasiado amor?¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo ella dejará escapar lo que tenemos buscando lo que tampoco disfrutaremos? ¿Y hasta cuándo seguirá pensando que es tarde, que ya no hay oportunidad y que puede sufrir? Pienso que es mejor sufrir amando que vivir vacío. Sin ella todo me falta. Me falta la vida.

© 2009, Armando Maronese
Viernes, 30 de enero de 2009
Sábado, 07 de febrero de 2009

martes, 3 de febrero de 2009

Me estoy sintiendo así, marcada a fuego.


Me estoy sintiendo así, marcada a fuego.
Por tus besos, tus caricias y ternura.
Dejo que mi alma vuele hacia tu encuentro
Para fundirse cual metal junto a la tuya
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Este río de amor que me recorre,
Surca mi cuerpo y nubla mis sentidos,
Mi razón no entiende todo esto que siento
Sólo sabe que te quiero todo mío
.
Con mis manos yo te alcanzo entre las sombras
Y te acerco hacia mí con ansias locas
Te recorro con mis labios afiebrados
inundados de pasión que los desborda.
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Ana María Bianchi

miércoles, 14 de enero de 2009

El mar, las olas, la noche


El mar, las olas, la noche ¿Recuerdas? Dios te guarde mi vida. Sólo Él sabe la grandeza de lo que siento hacia ti. Te amo tanto que deseo cuidarte. Cuidarte para mí. Cuidarte para nosotros dos. Te siento como algo precioso, invalorable, como lo más hermoso que me pudo deparar la vida.

No sé. No sé que palabras poner para explicar lo que siento. Sólo sé que este amor tan grande que siento hacia ti, me hace doler. Pero es un dolor que me produce placer. Duele, pero me siento bien. Me siento grande pensando en nosotros.

Ayúdame vida para explicarlo. Quizás tu tengas las palabras más precisas para ello. En este momento tengo un dolor porque te pienso y no te tengo a mi lado. Además, me juegan los celos. No te rías, pero es la verdad.

Esta tarde estaba pensando, cuando miraba el mar, que caminábamos tomados de la mano por la costanera y luego bajábamos a la playa y nuestros pies descalzos se hundían en la arena donde morían las olas. Jugábamos como dos jóvenes enamorados, pues así nos sentíamos. Siento una fuerza inmensa dentro de mí que quiere salir, pero no la dejo. Quiero que tu abras la puerta para que esa fuerza salga y te abrace, te ame, te bese. Yo luego me encargaré de hablarte suavemente al oído y de besarte en tus labios temblorosos y en tu cuello. Labios temblorosos que esperan recibir mi beso lleno de mis sentimientos, como los míos esperan los tuyos.

Cuan grande es lo que siento. Escribo y las palabras salen a borbotones de mi mente, pero no puedo explicar con palabras precisas como es mi amor hacia ti. Sólo sé que me duele, pero me agrada.

¿Cuántas veces ya te lo he dicho? Pues sí, te amo, pues eres mi todo. Ya, a esta altura, no podré vivir sin ti.

Mira la casita que enfrenta al mar... la que soñamos. Oye la melodía. Ya la tengo dentro de mí y la tatareo a cada momento. Miro la casa y nos imagino a nosotros dos dentro de ella, amándonos.

Piensa en mí querida. Piensa fuerte en mí, pues yo lo hago contigo. El solo pensar en ti me eleva. Me eleva de tal manera que me hace sentir bien, grande y fuerte.

Quiero abrazarte... aprisionarte entre mis brazos. Mirarte a los ojos y ver que me dicen. Luego te besaré... suave, apasionado, jugando con nuestras lenguas... como te agrada.

Nunca olvides lo que siento. En este momento me late fuerte el corazón...

© 2008, Armando Maronese
Sábado, 06 de diciembre de 2008

domingo, 4 de enero de 2009

El beso



Un beso es como morir dos veces: la primera por el deseo y la segunda por el recuerdo de la sensación desvanecida. El beso es el idioma de las almas ¿Qué es el beso? Es un dulce encuentro, después de una larga búsqueda. El primer beso no se da con la boca, se da con la mirada. Lo bueno de los años es que curan heridas, lo malo de los besos es que crean adicción.

El beso es una sed loca que no se apaga con beber, sólo se apaga con otra boca que tenga la misma sed. El beso es la expresión de una pasión incontrolable que se manifiesta en el deseo de poseerte. El amor es una pregunta eterna cuyo signo de interrogación son los besos. Los besos robados son siempre los más dulces... el único idioma universal es el beso.

El beso es el contacto de dos epidermis y la fusión de dos fantasías... ¿Beso? Un truco encantador para dejar de hablar cuando las palabras se tornan superfluas. El más difícil no es el primer beso, sino el último. Un beso legal nunca vale tanto como un beso robado... Si vas a robar algo ¡qué mejor que un beso!

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Anónimo

Estoy para ti


Ven amor, que te espero ya en nuestro espacio. Tengo todo dispuesto para recibirte ¿Hueles la casa? La cena está reposando en el horno, el vino enfriándose y el pan cubierto por una linda servilleta bordada.

No encenderé las velas sino hasta que oiga tus pasos cada vez más cercanos a la puerta. Pero eso sí, las lamparitas de mesa que tanto me agradan estarán tenuemente acompañándome mientras te espero.

Aquí todo es cálido, huele a amor, a rosas y cítricos, a cena romántica. La música que tanto te gusta me la grabo en los poros; quiero que cuando me beses el cuerpo, sientas melodías acompasadas en tus oídos.

Al fondo está nuestra cama, pero esta noche nos tendrá que esperar, porque vamos a disfrutarnos mucho, bailando y riendo, abrazados, respirando el olor del bosque que está frente a nosotros.

Amor quiero estar contigo, sé que vendrás y que te esperaré. Que me encontrarás perfumada y que te desnudaré para que uses ropa cómoda. Que mientras me cuentas tus cosas, por tu espalda estoy dándote un masaje y que te beso el cuello, los hombros y las mejillas.

¡Te espero...estoy lista para ti!

Teros