lunes, 22 de marzo de 2010

El día

Llegó un día a mi puerta con un claro
silencio sobre la frente.
Era solo
respuesta tras el dintel vacío,
pura interrogación su boca
sin ninguna pregunta,
que guiara sus pasos.
Serené entonces mi corazón,
agobiado
por el recuerdo innúmero
de lo que fue combate, provocación,
y éxtasis.
Ay! Lucha y cortejo, agua y ceniza
derramadas
sobre el cruel arabesco
de lo que hizo destino.
Yo fui de nuevo el ánfora
donde mezclar las horas,
melodías
y acentos.
Fingí ignorarlo todo
pues de ignorancia vive,
la llama que ilumina
y da forma
a las sombras.
Y tú eras la sombra.
Al mar dejó mis pasos
y quedé en el escrito
de la nada y la boda,
nombres que alumbran
huellascuando pena la noche.
Mi corazón gentil
diciendo
el naufragio primero,
sucumbiendo a la estela
del número
y la estrofa,
para dejar estar,
el vivo sol que entonces
tu mano
liberará a la entrega
primera de lo que fue
llamado,
sin endecha ni queja
y en silencio cantado
sobre la carne muda
y el perfume de un huerto.
Carne de las palabras
entregadas
al deseo primero
así fuiste volcado,
pues en la muerte sola
y los días que hasta el poeta
llegan claramente,
retorna
furtivo como toda
pregunta
que repite insaciada
el origen del verbo,
la memoria encendida
y el aura de tu pelo.
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Oscar Portela
Poema inédito proporcionado por el autor
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Toco tu piel

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Toco tu piel que llora por mis manos,
y mis besos acompañan tus gemidos.
Quisiera hoy fundirme en tu regazo
y no soltar la rienda tan amada.
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Toco tus senos, que anhelabas,
y surgen como flor en primavera,
deseando que mi boca sea la abeja
que tome de sus mieles y su néctar.
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El monte de tu cuerpo está esperando
y quisieras que lo cubra con mil besos,
que llegue a la cima de sus llantos
y pierda mi cordura entre sus pliegues.
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Toco tu piel que llora por mis manos,
y mis besos acompañan tus gemidos.
Tan solo toco sus acordes... despertarán
la luna y las estrellas.
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® 2001, Armando Maronese
Jueves, 11 de octubre de 2001

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domingo, 21 de marzo de 2010

Mi vida, mis sueños, la muerte


Es normal que sueñe la mayoría de mis noches cuando duermo. No son ajenos a ellos las cosas vividas y todas son bellas. Cada vez que despierto de mis sueños, he descubierto que ellos se alimentan de mi vida. De las cosas vividas a lo largo de los años. He tenido la suerte de haber pasado por momentos maravillosos que, todos sin excepción, han quedado grabados en mi mente. Duermo. Duermo y sueño. Y sueño cuando despierto.
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Mis sueños como el de todos, tan necesarios para mi vida, son como una muerte diaria. La vida, los sueños y la muerte. Que delgado hilo separa los estados.
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No hubo rutinas en mi mundo... no las hay en mis sueños. Mis sueños son caminos que me conducen a lo bello. A la libertad de mi mente donde todo se libera.
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Cada vez que despierto, sea de noche, ya de día, me doy cuenta que mis noches no son largas, que sólo sirven para mantenerme dormido y recuperar mis fuerzas, para liberarme de presiones y dejarme llevar por lo bello. Y digo bello porque no tengo que fijar mi esfuerzo en otra clase de sueño. Sueño bello cuando duermo.
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Pero sueñe lo que sueñe, llega un instante en que mi sueño se llena de ti. Se llena del mar, de las olas, de la arena, de unos pies caminando donde rompen las olas, de dos manos asidas con amor, de una casita mirando al mar y... siempre tu dentro de él, junto a mí. Juntos los dos.
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¿Tendré que fijar todo mi esfuerzo en otro sueño del que volveré a despertar, sin duda alguna? Nunca te lo dije, pero en cada uno de mis sueños, en cada pequeña muerte diaria, dejo un verso en forma de canción que siempre quise regalarte, además de un beso y un guiño de complicidad.
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Volveré a dormir. Volveré a soñar. Pero a veces me pregunto ¿Volveré a encontrarte en mis sueños? Porque mañana u otro día, quizás no despertaré ya más.

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© 2003-2010, Armando Maronese
Miércoles, 11 de junio de 2003
Sábado, 20 de marzo de 2010

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viernes, 19 de marzo de 2010

Lágrimas De Amor


Nunca hagas florecer una sonrisa diciendo "Te Amo" o simplemente "Te quiero", para después hacer rodar una lagrima diciendo "Olvídame".
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Simplemente porque eso no se hace y además, porque el amor es más bonito que una ilusión y por tu mejilla podría rodar una lágrima idéntica a la de alguien que ya lloró por ti.
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Recuerda que la verdadera lágrima no es la que cae de los ojos y resbala por la cara, sino la que duele en el corazón y resbala por el alma, y esas lágrimas no necesitarán ser recordadas porque de ellas uno nunca se olvidará. Lágrimas... las hay de amor, de alegría, de tristeza... de desazón.
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Recordar es fácil para quién tiene memoria. Olvidar es difícil para quién tiene corazón. Quien sabe amar, jamás hace sufrir.
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Algunas personas vienen a nuestras vidas y rápidamente se van. Algunas personas se convierten en amigos y permanecen por un tiempo, dejando huellas hermosas en nuestros corazones y por ellas nunca volvemos a ser iguales que antes, porque hemos tenido a nuestro lado otro corazón que vibró junto al nuestro, casi al mismo ritmo. Ese corazón que agitado, sonaba junto a tu pecho.
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Ayer es historia... Mañana es un misterio... Hoy es un regalo... Es por eso que es llamado... El Presente. Creo que esta vida es especial, por eso hay que respetarla. Más aún. Hay que amarla.
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¿Te sientes sola?. Mira a tu alrededor y encontrarás mucha gente esperando tu sonrisa para acercarse más a ti. Podría ser asunto sellado con el corazón. Nunca lo olvides.
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¿Hoy somos amigos o no? Una vez me lo dijiste, pero se me olvidó. Así que dímelo otra vez pero con la verdad, de modo que yo pueda decir: Acá estoy para ti. O no.
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De todos los amigos que he llegado a conocer, tú eres a quién nunca olvidaré y si muero antes que tú, lo más probable, iré al cielo y allí te esperaré.

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© 1999, Armando Maronese
Martes, 06 de julio de 1999

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jueves, 18 de marzo de 2010

Para ti, mujer


A ti, que te vistieron con pollera y una estampilla de “sexo débil”. Niña eterna y errante en un mundo que enjuicia y discrimina sin comprender. Nido de vida, capullo de un todo. De ese todo que a cada instante se realimenta.
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Toma un espejo y mírate. Descúbrete al recorrer el mapa de tu rostro. Quizás encuentres secuelas del paso de los años. Y ¿Qué importa si ya no está todo como quisieras?
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Alégrate al escuchar esa voz, que susurra desde adentro diciéndote que eres el resultado de tu propia historia, que el camino no ha sido en vano ¿De qué sirve el estado de lo de afuera, si lo que es, no siempre es lo que ves?

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La sabiduría en los pequeños actos, eso que sale a flote después de hacer el amor y el amor incondicional, no se venden en el mercado. Costilla de nadie, levanta tu mirada, sonríele a la vida y sigue a tu corazón.
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Acaso ¿Serás la mejor obra de arte? Sin rótulos. Eres Mujer. Y eso, para admirarte, sólo nos basta. Y eso, para amarte, es volar al cielo.
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© 2008, Armando Maronese
Sábado, 12 de enero de 2008

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¿Tú hasta cuándo? Yo ya me cansé


Sangra y llora de una vez que me tienes cansada. Estoy agotada de recoger tus lágrimas cuando pierdes las batallas. Con mis manos uno los trozos de piel cuidando que te cierren las heridas; pero tú como adicta al dolor, te las ingenias para desgarrarte un nuevo trozo de piel sana cada día.
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Acaba de una vez o parte hacia levante, yo ya no quiero ir detrás de ti con paños blancos cubriendo tus heridas. Pero mujer... ¿Qué no te das cuenta? Ya te queda poca piel sin lastimar ¿Qué buscas entonces, esperar que alguien te hiera de una sola tajada desde la punta de tus cabellos hasta la punta de tus pies?
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¿Por qué cuidas con tanto afán a ese pequeño que salió de tus entrañas y no eres capaz de cuidar a tus entrañas mismas? ¿Con cuál herida crees que puedas detenerte? No te dañes más alma mía.
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Cierra los ojos y vuelve a tu infancia, refúgiate en los brazos que tanto conoces. Pero vuelve enseguida frente al espejo y mira tu reflejo que ya no puede más. Y no bebas más de esas botellas con agua añeja de Lourdes y Fátima; la sanación está dentro de ti misma, no en las aguas de ese manantial.
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A mí me tienes agotada y tú... ¿No estás cansada de ti? Anochece la misma luna y amanece el mismo sol, pero ya basta de que tú seas siempre la misma.
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No habrá manera de borrar tus cicatrices, pero deja ya de ser toda tú una gran cicatriz. No digas que mañana, porque mañana se convertirá en otro mañana. Yo ya no puedo sostenerte, mis fuerzas terminaron hoy. Te haces demasiadas heridas y solo tengo dos manos que se han cansado de unirte la piel.
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Ya no llores mirando al cielo y ni gimas mientras escarbas la tierra. Tu respuesta está arriba y no abajo; confía en lo que no ves y no en lo que ya no está porque se volvió parte del mismo suelo. El cielo azul es infinito ¿Tienes una venda en los ojos? Las heridas no cierran con lodo, más bien aún las infectan.
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Y no tomes la guitarra en el fresco de la noche y toques alocadamente las cuerdas. No te embriagues de compasiones ni de justificaciones, que de esto ya estamos hartas. No esperes que frotando la luna aparezca una gitana, ni creas que dos monedas de plata compran tu futuro.
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Aspira el aire y que el olor a pasto te llene de vida los pulmones. Báñate en el río y despójate de toda la ropa. Sueña con lo que hoy te hace tanta falta. Escribe en una gran roca tus nuevas leyes y vuelve a ella cuando claudiques.
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Y perdona que cansada de acompañarte, hoy me detenga en el camino y te diga adiós. Y por favor olvida que mi nombre es igual al tuyo, de cambiármelo me encargo yo.
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Por Teresita García Ahued
V, 18 de mayo de 2007
.V

lunes, 15 de marzo de 2010

Hay mujeres...


Hay mujeres que son toda una aventura,
que nos llevan por el hilo más fino del destino,
por esos senderos misteriosos donde uno esta propenso
a la flaqueza, y ellas nos rescatan tan solo con un abrazo.
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Hay otras que son casi una hoguera
y en plena oscuridad nos iluminan,
dejando ver desnudo nuestro lado más íntimo,
ese rincón del alma que tantas veces ocultamos.
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Las hay aquellas que como enredaderas
se adhieren a los muros de nuestros arrabales,
a esas esquinas plenas de glorias y congojas,
llenándonos de gozo con sus floridas primaveras.
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Otras van subidas al carrusel del desconcierto,
sobreviven al pasado pensando un presente sin futuro,
van trazando una línea en el tiempo con la punta de la soledad,
llorando de nostalgia por lo que nunca a sucedido.
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Hay mujeres que son como guirnaldas,
bailan vertiginosas y nos llenan de asombros,
nos arrastran a esa frontera sin melancolía
donde nada es carencia ni vacío.
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Hay otras que son un remolino,
un huracán, un temblor, un desvarío,
una alarma perpetua que nos tiñe el rostro de carmines,
de sorpresas inéditas, de sueños que jamás conocimos.
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Las hay aquellas que son cuchillo y tajo,
que nos van abriendo el corazón con la mirada
y nos acallan la voz a puro beso,
son todo un alboroto al que siempre solemos sucumbir.
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Otras, simplemente son un horizonte,
allí donde el cielo y la tierra son lo mismo
y hacia ahí vamos desnudos y desiertos,
sabiendo que hay mujeres llenando esos vacíos.

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© 1992, Armando Maronese
Martes, 21 de julio de 1992


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